Posteado por: saquenunapluma | 01/29/2017

El Plauto; creado por Adrián Blanco

 

plauto-adrian-blanco


                    EL PLAUTO Y SU GESTACIÓN 
Por Adrián Blanco

 

No tenía aún 20 años cuando vi El Plato de Carlos Trias, con puesta en escena de Roberto Villanueva, ese artista innovador que después de dirigir el área teatral del instituto Di Tella en los años 60, continuo proponiendo rumbos no explorados y asumiendo riesgos estéticos, que por entonces las aguas de un realismo costumbrista y cotidiano lo inundaban todo. Tal fue mi fascinación, que mí procedencia “Stanislawsquiana” no encontró respuesta a mi hambre de nuevas experiencias. Sí, El Plauto fue la punta del ovillo de un camino que comencé a recorrer y así fue como comencé a meterme en “donde no debía”, según reza el rosario de la ortodoxia “realista”.

Con ése espíritu, y cierta desfachatez, fue que me atreví a realizar este homenaje a mí admirado director, poniendo en escena nuevamente esa obra dionisiaca que tanto me impacto.

A partirtir de mis conversaciones con Jose Paez, autor de la música original de El Plauto y de la actual versión, me fui entusiasmando cada vez más y así fue que llevamos el proyecto a Nayi Awuada, uno de los responsables de la programación de la sala HastaTrilce, quien nos propuso una coproducción.

La obra original tenía una duración de cuatro horas, por lo que me vi en la necesidad de reducir su duración, así fue que trabajamos con José Paez en una versión de dos horas, más acorde a la vertiginosidad de los tiempos actuales

Terminado dicho proceso convocamos a un casting por las redes donde llegaron más de 600 mails. Después de una previa selección, quedaron 50 actores y actrices que fueron adicionados, contando que ya tenía un tercio del elenco con actores con los que suelo trabajar habitualmente

Dado el componente festivo del material, se tomo la decisión de que la música, de permanente incidencia en la obra, fuese realizada por músicos en vivo al igual que en la puesta anterior, en éste caso con tres percusionistas de raíz africana y un guitarrista eléctrico.

El material que íbamos a encarar nos proponía un universo dionisiaco, desfachatado, insolente e irreverente, al borde de lo grosero, y como dicen los jóvenes de hoy: “al palo”, con un ritmo y un frenesí por momentos demencial, integrado también en lo musical por un sonido de fuerte cadencia rítmica, cercana a veces al rock. Abordar todo esto, conlleva implícito una gran organización y predisposición, para poder arribar a esos “adjetivos” antes mencionados, con organicidad de forma que no resulte una coreografía parlante.

El Plauto debía inflamarnos y encendernos a nosotros y a los espectadores, por eso el trabajo fue arduo y riguroso, en lo rítmico y acotado en su desmesura.

Nos hemos reído mucho haciéndolo y el goce fue compartido en un espiral ascendente entre el elenco y el “gran disparate” (de situación e ideológico) que propone Trias. Es una obra que provoca, ahora haciéndola, distintas reacciones en el público, o te relajas, la aceptas y disfrutas o ciertas zonas y criterios mentales te distancian y te impiden entrar en “la Fiesta” porque eso es el Plauto, una fiesta de los sentidos, un permiso también, dentro del mundo “culto” que a veces es tan apolíneo, que encuentra “bajo” ciertas propuestas estéticas.

El espacio era otra situación a resolver. Siempre rodeo a los actores de elementos que colaboren con su trabajo y también que nos ayude a contar la historia sin ser obvios ni ilustrativos. En el espectáculo hay dos espacios bien determinados: “el celeste” y el “terrestre”. El lugar de los mortales, la Tierra, y el de los dioses, el Cielo. Una gran tela en tonos amarronados y grisáceos se posa sobre el escenario y como telón de fondo un panorama, al estilo de los antiguos telones pintados, refleja un cielo donde el dios Zeus hará sus apariciones hasta que decide descender al mundo de los mortales. Todo éste dispositivo nos permitió un trabajo con las telas como objeto dramático que enriqueció, a mi entender, el espectáculo. También hay un uso de sogas y roldanas que modifican la posición de dichas telas, dándonos distintas posibilidades ambientales y con cierto carácter de carpa circense y cierta reminiscencia a la maquinaria teatral griega, en donde lo sobre-humano y lo ritual estaban enmarcados. En síntesis es una experiencia que si bien, en cuanto al género, es una comedia de texto, en cuanto a lo formal y lo estilístico nos lleva a curiosear y a arriesgar en el campo artístico, que es en el que supuestamente estamos.

Cabe agregar que estoy muy satisfecho con el trabajo, con el gran nivel actoral de éste homogéneo elenco y por los músicos “grosos” que le dan un marco fundamental a este espectáculo, que Carlos Trías dió en llamar El Plauto

 

ADRIAN BLANCO


Temporada 2017

Re estreno: sábado 18 de febrero a las 21hs
Funciones: sábados a las 21 hs |  en Hasta Trilce |  Maza 177

Reservas: www.hastatrilce.com.ar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: