Posteado por: saquenunapluma | 05/20/2016

Eduardo Gilio: La Revolución Surrealista, el sueño no está muerto. Cómo se gestó la obra en él –o cómo él se gestó a sí mismo

Eduardo_Gilio_1La Revolución Surrealista, el sueño no está muerto
Como se gestó la obra (o como me gesté yo)
Por Eduardo Gilio.
Autor, dramaturgo, director del espectáculo

 

“No concibo la obra como separada de la vida, no amo la creación separada” Antonin Artaud

 

“Mi origen, antes que mi principio fue marcado por la cultura del Rock nacional y dentro de esa cultura, el movimiento Surrealista que estaba omnipresente”.

 

Puedo afirmar sin temor a equivocarme que mi relación -comenzada a mis 13 años- con los distintos artistas que formaron parte del grupo surrealista, cambió mi vida para siempre.

Ellos fueron los que me incitaron a buscar dentro de la vida y el arte, otro nivel de intensidad. Fue durante mi adolescencia que tomé contacto con los libros de Antonin Artaud, André Breton, Max Ernst, etc. Descubrí un mundo que me resultaba maravillo y me cautivó desde el principio. Produjo en mí un sacudón sensible. Siento que fue en el mundo surrealista donde por primera vez, mi vida pudo desplegarse.

Desde todas las artes recibí ese estímulo que me impulsaba a saltar del otro lado, a descubrir el lado escondido de las cosas.

El Surrealismo es un movimiento integrador. La literatura, la pintura, el cine, las diversas artes, expanden sus límites e interactúan para alcanzar sus fines de provocación y transgresión.

El azar, el amor, el deseo, la locura, el erotismo, el sueño, la mujer, son la materia prima del lenguaje surrealista.

Es ese primer encuentro con el surrealismo, lo que he intentado preservar en mi trabajo artístico. Es aquella toma de compromiso lo que me ha permitido resistir en los momentos más difíciles, fue aquel universo fantástico y poético, esa magia de los detalles lo que me sumergió en un mundo nuevo donde la revolución era siempre el norte de liberación.

El Surrealismo ha sido el combustible del mayo francés y de tantos movimientos juveniles que lucharon por cambiar la vida. El surrealismo se levanta como una posibilidad de transformación orgánica del ser humano. Se compromete en lo político y social y es a través de las manifestaciones artísticas como vehículo, donde encuentra su acción directa sobre todo aquello que busca alterar y transformar, para alcanzar la liberación humana.

La belleza será convulsiva o no será, dijo Andre Breton.

 

Temporalmente hablo del 73 al 76, esos años previos al golpe cívico-militar en Argentina. En ese entonces yo tenía entre los doce y los quince años. Desde muy chico estudiaba música, tocaba el piano y componía, pero al comenzar mi adolescencia me sentí parte movimiento del Rock nacional y nació mi primer grupo de Rock.  La cultura que el Rock proponía, era una forma nueva de vivir, de cambiar la vida. Desde la cultura del Rock, desde sus publicaciones marginales, tomé contacto con André Breton, Antonin Artaud y los surrealistas. Toda la poesía, las imágenes y el cine que me movilizaban llegaban desde ahí.

A los 14 años, se me partió la cabeza cuando leí y releí una y otra vez El teatro y su doble de Antonin Artaud, ese maldito me desplazó de la música al teatro y André Breton con sus manifiestos del surrealismo, Man Ray con sus fotografías, Max Ernst con sus dibujos y collages, Tanguiy con sus pinturas, me mostraban que ese era mi mundo, no porque yo lo elegía, jamás recuerdo haber elegido algo, sino porque fui capturado por ellos y arrojado a la más infinita soledad. Porque cuando yo descubrí de una vez y para siempre que mi vida andaría por este camino, llegó el golpe de Estado, y con 15 años quedé absolutamente solo en el laberinto. El Rock, la música contemporánea, los surrealistas y la utopía me mantuvieron vivo hasta que a los 19 años pude reunir a un grupo de chicos y pasar de mi grupo de Rock a mi grupo de teatro. En 1980 nacía Teatro acción, con un pasado de música progresiva, surrealismo y los nuevos faros que había encontrado en mi búsqueda -como Grotowski y Pina Bauch-, llegaba a lo que para mí era un principio.

En mi metodología de creación teatral, trabajo utilizando en gran parte el método automático creado por los surrealistas, como una herramienta poética para alcanzar verdades intensas y profundas. (En este aspecto se relaciona con la búsqueda de Grotowski en la época de su teatro laboratorio donde buscaba en el trabajo del actor una especie de psicoanálisis corporal. Hacer pasar por el cuerpo las memorias más escondidas y plasmarlas en acción física y en partitura).

Las prácticas utilizadas por los surrealistas han sido para mí, las formas cotidianas que han atravesado mis búsquedas creativas. La razón jamás ha sido para mí la vara rectora de la creación, sino todo lo contrario, la imaginación ha sido desde siempre la fuerza que ha liderado un impulso creador.

Las técnicas del automatismo han sido para mí una forma próxima en la creación de materiales escénicos por parte de los actores y desde ya, por mí mismo, en el abordaje del montaje y las construcciones de los posibles sentidos.

Hoy 35 años después de aquel comienzo en el teatro, decidí homenajear a los que para mí han sido mis primeros faros en el mundo, aquellos hombres y mujeres que reivindicaban el delirio de un “loco” como oposición al discurso lógico dominante, aquellos que no temían a la locura si de llevar la imaginación al extremo se trataba, aquellos que impulsaban una belleza convulsiva como única belleza posible y que estimularían a toda una juventud para que lleven la imaginación al poder. ¿No es acaso la imaginación la materia de nuestro trabajo creador?

André Breton puntualizó que las trabas, barreras e impedimentos que el surrealismo quería superar eran del orden de la lógica, entendida como el más estrecho racionalismo; de la moral, bajo la forma de tabú sexual y social; y del gusto regido por las convenciones.

Pienso en los primeros films de Luis Buñuel, los poemas de Robert Desnos, los collages de Max Ernst, las pinturas de Ives Tanguy, Rene Magritte o Salvador Dali, las fotografías de Man Ray, la muñeca de Hans Bellmer, los poemas y escritos de Unica Zurn y Joyce Mansour, etc, y obviamente los libros de Philippe Soupault, Antonin Artaud y de André Breton, fundador y líder indiscutible del movimiento surrealista.

Cada uno dio vida al movimiento en los primeros años de su creación lo han nutrido de una sangre especial y única que dio como resultado un resultado alquímico de alto voltaje.

A esos jóvenes de ayer yo les pido que me sigan inspirando para seguir sosteniendo hoy más que nunca que el sueño no está muerto, y que la revolución será surrealista o no será.

El surrealismo junto con el marxismo y el psicoanálisis han sido pilares fundamentales del pensamiento y la vida del siglo XX. Las ideas y los hechos del Movimiento Surrealista no se limitan solamente a una Revolución en el plano poético de las diferentes artes, sino que traspasa los limites del ámbito creador del arte, para instalarse como arma de denuncia social contra el discurso único dominante que pretende mantener a ultranza un sistema social que no ha logrado mejorar la vida de los pueblos.

Los surrealistas, como Andre Breton y Antonin Artaud enfrentan duramente a la psiquiatría como ciencia de control social. El surrealismo se enfrenta a una sociedad construida a partir del culto a la razón y la hace estallar desde adentro, alimentando nuestros sentidos desde la imaginación, esa imaginación que será combustible demoledor de todo orden social. La imaginación al poder es y será el sueño que nos impulsa cada día a seguir en esta lucha contra un orden establecido.

No será el miedo a la locura lo que detendrá nuestra imaginación sentenció Andre Breton.

Todos los artistas evocados en el espectáculo, desde André Breton hasta Hans Bellmer y Unica Zurn, desde Joyce Mansour y Luis Buñuel pasando por Man Ray, Antonin Artaud, Max Ernst, etc, fueron personas que se lanzaron a cambiar la vida. Algunos pagaron con su propia lucidez y hasta con su vida.

Solo puede haber teatro a partir del momento en que se realiza realmente lo imposible cuando la poesía de la escena alimenta y recalienta los símbolos realizados.

Una verdadera pieza de teatro perturba el reposo de los sentidos libera el inconsciente reprimido e incita a una especie de rebelión virtual.| Antonin Artaud

El público creerá en los sueños del teatro cuando los acepte como tal y no como copia servil de la realidad. Cuando le permitan liberar en el mismo la libertad mágica del sueño.

 

Eduardo Gilio

Mayo 2016, un mes antes del estreno del espectáculo en el CCC de Buenos Aires

 

Estreno para público y prensa: sábado 4 de junio 22.30 hs

Funciones: sábados a las 22.30hs

Teatro: Centro Cultural de la Cooperación, sala Tuñón

Entradas: $150/ Descuento a estud y Jubilados

Dirección: Av Corrientes 1543

 


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