Posteado por: saquenunapluma | 03/31/2016

Alezzo | Notas al proceso de dirección de Traición, de Harold Pinter

alezzoAgustín Alezzo | Notas al proceso de dirección de Traición, de Harold Pinter

Esta es la octava oportunidad que encaro una puesta de Harold Pinter y en esta ocasión lo hago en compañía de Nicolás Dominici, con quien ya he co-dirigido dos espectáculos (El círculo (2011) y Lo que no fue (2015), además de trabajar con él -como actor- en muchas de mis puestas anteriores. Una co-dirección es algo muy difícil de llevar adelante si no se comparte un criterio artístico en común y una sensibilidad, una mirada sobre la pieza, que tenga rasgos compartidos. Cuando esto ocurre, como en nuestro caso, parece que hubiera habido una “sola” mano detrás de todo.

Me considero un ferviente admirador del genial dramaturgo británico, premio Nobel 2005, quien fue, además, actor, director y poeta.

La maestría técnica que demuestra Pinter al momento de elaborar la estructura dramática de sus piezas, su mirada sagaz sobre las relaciones humanas, de las que no se priva de hurgar hasta en su lado más siniestro y oscuro, su humor, mordaz e irónico, la vitalidad de sus diálogos,  son algunas de las razones por las cuales me siento tan admirador de su obra.

Traición, es la historia de una pasión entre tres individuos: Emma y Robert, que constituyen un matrimonio, y Jerry, un amigo de la juventud de Robert. La particularidad de la obra es cómo está estructurada la historia: se narra de manera inversa, de atrás para adelante, con saltos de tiempo, desde el momento en que los dos amantes, Jerry y Emma, se reencuentran después de muchos años de terminar su relación secreta hasta el origen de dicha unión. Así es que la primera dificultad fue la de cómo resolver desde el punto de vista actoral y  también desde el de la dirección, la progresión temporal de la historia con su consabida multiplicidad de espacios y escenarios distintos. Para ello, hemos ensayado la historia en forma cronológica (desde la ultima escena hasta la primera) poniendo el acento en que los actores se puedan apropiar de cada una de las instancias que atraviesan las relaciones de los personajes, cómo mienten, como ocultan la verdad, como se traicionan momento a momento desde el pasado hacia el presente. Una vez consolidadas las escenas, se ensayaron en el orden original que poseen en la historia.

La puesta en escena está centrada en la recreación de las situaciones que tan maravillosamente plantea Pinter en cada una de las nueve escenas que componen la obra.  He privilegiado la dinámica y continuidad ininterrumpida de la acción dramática, sin cortes, sin pausas, para que la intensidad dramática no decaiga en ningún momento.

La escritura de Pinter tiene una musicalidad propia que trasciende el lenguaje escrito y se plasma en la palabra, en la oralidad, en la expresividad de los diálogos, en la fuerza descomunal de sus textos;  aun cuando a primera vista no pareciera tener esa particularidad, una vez consolidada la escena en el escenario, cobra una fuerza teatral muy particular.

En consecuencia, la puesta tiene una mínima movilidad por parte de los intérpretes, el movimiento está dado por los cambios espaciales y temporales, que se corporizan en el traslado de la acción a distintas zonas del escenario donde se sugieren -con una utilería mínima y austera- los interiores de los distintos espacios en los que transcurre la obra. El resto de los componentes de la puesta (escenografía y vestuario, a cargo de Marcelo Valiente; diseño sonoro, a cargo de Mirko Mescia) funcionan bajo el mismo criterio: la sugerencia de una atmosfera, de un ambiente despojado, sobrio y austero, que entra en plena consonancia con los climas que Pinter plantea a nivel actoral: no hay aquí ni gritos ni efectos teatrales, todo ocurre casi como en la vida misma, pero con la premisa que siempre exige Pinter: la de explorar ese territorio ambiguo que está bajo la palabra dicha, aquello que es conocido y no dicho, y que nos hace volver poco confiables, elusivos, evasivos, obstructivos, renuentes, quizás, el aspecto más solitario de la condición humana: la incomunicación. Porque Pinter parece comprobar una vez más que los seres humanos no podemos tener una comunicación frontal, sincera, abierta; por el contrario, nos llenamos de silencios y de elusiones, de pequeñas maniobras y evasiones, de un lenguaje, repito, donde, debajo de lo que se dice, se está diciendo otra cosa.

“La comunicación es algo alarmante, entrar en la vida de otro es demasiado aterrador. Desenmascarar ante los otros la pobreza que nos habita por dentro es una posibilidad demasiado temible” (Harold Pinter)

He decidido no inscribir la pieza dentro de la estética realista que Pinter pide para esta obra y se ha propuesto una estética mucho más sugerente y expresiva quizás, en la cual el espectador completará con su imaginación los espacios que apenas son sugeridos en la puesta.

AGUSTIN ALEZZO


TRAICION
Funciones: sábados 21 hs y domingos a las 19.30 hs

Teatro Border
Godoy Cruz 1838, CABA


Traicion 2b


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