Posteado por: saquenunapluma | 08/28/2015

Proceso de gestación, ensayos y montaje de LAS MUTACIONES :: Por Lorena Ballestrero

Lorena Ballestrero 2 15 colorProceso de gestación, ensayos y montaje de LAS MUTACIONES

Por Lorena Ballestrero

Cuando recibí el texto de Valeria Correa, en el verano de 2013, todavía estábamos con funciones de Se fue con su padre en el Teatro San Martín. En general, soy de procesos largos, pero siempre estoy buscando textos para dirigir. En este caso, Luis Cano me alcanzó el material. Valeria Correa escribió Las Mutaciones mientras cursaba Dramaturgia en la EMAD y Cano era su profesor. Ese verano leí el texto y en abril me comuniqué con Valeria porque me entusiasmó la idea de dirigir un texto de una dramaturga de mi generación y me pareció muy interesante cómo ella lograba captar algo del habla contemporánea mientras que construía las escenas con gran detalle. Valeria me confió su texto y también me habilitó para ordenar las escenas como quisiera en mi montaje. En ese momento empezó el proyecto.

Trato de definir algunas ideas de puesta antes de convocar a mis equipos de trabajo. En el texto, cada escena tenía su lógica de escritura y sucedía en diferentes espacios. Había una lógica de lo cinematográfico que era un desafío para el planteo teatral. Además, me interesaba contraponerle al texto una puesta que no tuviera nada que ver con construir espacios ilustrativos. Reconocí que en el material estaba latente el punto de vista de la dramaturga, el personaje de Ella tenía una escena más que el personaje de Él. Así surgió la idea de que el punto de vista de la puesta fuera el de esta mujer.

Como directora, necesitaba encontrar un punto de partida que me permitiera construir el desarrollo de la puesta, la progresión del espectáculo. Trabajé partiendo de que, para la escritura de la obra, Valeria se había basado en el I Ching e imaginé que todas estas escenas podrían ser revividas por Ella. Como si Ella estuviera tirando las monedas chinas para volver a pasar por algunos de los momentos de esta historia de amor. Y así tratara de entender qué les pasó, como si pudiera volver a mirar lo que vivieron juntos.

A mediados de 2013 empecé a ensayar con otros actores que no son los que finalmente estrenaron la obra e hicimos varias pruebas de las que incluso quedaron algunas ideas para la puesta final. Pero por distintas circunstancias de producción no pudimos seguir trabajando juntos. Al mismo tiempo, el Teatro Del Abasto se interesó en la propuesta pero tenía espacio disponible recién a principios de 2015.

A mediados del 2014 empezamos a ensayar con el equipo actual, y ensayamos hasta diciembre de ese mismo año. Nos fuimos de vacaciones, retomamos los ensayos a mediados de febrero y estrenamos el 5 de marzo.

Dadas las características del proyecto, me parecía que necesitábamos una sala de teatro “independiente” pero con buenas condiciones edilicias y técnicas. Un espacio de dimensiones que permitieran el desarrollo de la obra y con “caja negra” para que el espectador pudiera imaginar mejor esos diferentes lugares donde transcurren las escenas. Es un placer trabajar en el Teatro Del Abasto. Estoy muy agradecida a Norma Montenegro por haber programado Las Mutaciones en la sala, y a todo su equipo de trabajo que nos acompaña cada jueves.

Convoqué a Lorena Vega y a Leonardo Murúa porque admiro sus trabajos como actores. Conocía a Lorena desde Salomé de Chacra, obra de Kartún en la que fui asistente artística, y a Leonardo ya lo había dirigido en Baby de Susan Sontag. En general me gusta haber visto actuar a los actores que convoco y además a ellos dos los conocía trabajando, cosa que era muy favorable antes de arrancar los ensayos. Creía -y comprobé- que son muy buenos actores y hacen buena pareja.

Por un lado ensayamos las escenas del texto y por otro lado agregué un entrenamiento en tango que tenía como objetivo construir el vínculo de pareja a través del cuerpo. Fuimos encontrando juntos la lógica de cada escena y desde dónde convenía trabajarla actoralmente. Después de varias pruebas, logré definir en qué orden convenía poner las escenas y organizar esa dramaturgia de la puesta que contaba esta historia de amor y desamor.

Para mí es muy importante el equipo con el que trabajo. Creo en el teatro como una arte de cooperación, de encuentros. Trato de que todos los colaboradores artísticos estén presentes desde el inicio y participen en las decisiones para que el mundo de la obra que creamos sea lo más coherente y orgánico posible. Con Pablo Bronzini (músico) ya habíamos trabajado juntos y nos entendíamos muy bien. Le propuse que trabajáramos a partir del tango, no necesariamente para que lo que compusiera sonara a tango propiamente dicho sino para tomar algo de lo que expresivamente el tango propone. Pablo compuso un primer tema sobre el que trabajó versiones y variaciones y juntos fuimos definiendo qué música y/o sonido para qué escena. Probamos durante los ensayos y fuimos tomando las decisiones en relación con lo que yo iba definiendo también en otras áreas. Para esta puesta, me parecía muy interesante poner en relación los cuerpos del baile del tango -con sus tensiones y roles de llevar o ser llevado- con la historia de esta pareja. Para eso, necesité convocar a alguien que se hiciera cargo de ese entrenamiento del cuerpo de los actores a través del tango. Un amigo en común me recomendó a Verónica Litvak y enseguida armamos un código de trabajo muy productivo. Ella se sumó a los ensayos con los actores y nos permitió encontrar los cuerpos y movimientos de los personajes.

img.phpEl espacio de la puesta era y es fundamental. Yo sabía que necesitábamos un espacio dinámico, un dispositivo permitiera que el espectador configurara casa, calle, hotel de Chascomús, o ninguno de esos lugares narrativos. Entonces, cuando Rodrigo González Garillo trajo la idea de basarnos en la obra de Charlotte Posenenske, enseguida me entusiasmé y así construimos el dispositivo espacial y escenográfico de la puesta: esa especie de caja con 4 puertas que giran sobre su eje. Fue muy enriquecedor trabajar con Rodrigo y estoy muy contenta con la idea que logramos plasmar.

Con Ricardo Sica, diseñador de luces, venimos trabajando juntos desde hace varios proyectos. En ese caso, barajamos varias hipótesis a lo largo de todo el proceso de ensayos, y definimos la iluminación en los últimos ensayos. Fue muy importante integrar el trabajo del escenógrafo con el del iluminador para poder tomar las decisiones finales.

Para que aparecieran algunos efectos de ilusión, que me resultaban interesantes a la hora de contar que ella volvía a momentos que no estaban sucediendo en su presente, convoqué a Pablo Kusnetzoff, gran mago que había sido compañero mío de entrenamiento actoral. Giuiana Kiersz, Sebastián Kotliar y Yamil Zeid son un lujo de asistentes. Creo que armamos un gran equipo de trabajo que se comprometió con la obra desde un principio, cada uno aportando desde su rol.

Cerca del estreno, el montaje se fue armando como resultado de la integración de todos estos aspectos y con los últimos detalles que siempre aparecen en el tramo final.

 

Estoy muy contenta con los resultados.

Lorena Ballestreros, directora de Las Mutaciones.

Obra que se presenta los jueves a las 21 hs en el Teatro del Abasto


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