Posteado por: saquenunapluma | 03/11/2015

Clara Giannoni, bailaora y directora, sobre los Orígenes de Amaranta

Giannoni by Laura JimenezPueden voltearlo al quebracho, trocearlo y hacerlo leña pero si ha soltao semilla toda la tierra se empreña”.  Estas líneas cantó Gonzalo Ortiz el día que lo conocí cuando llegó a probar un primer ensayo, para ver si se unía a Kaminos para la gira a Japón que hicimos el año pasado. Esa frase no pudo ser más clara y más representativa de lo que sucede con nosotros. Tanto el flamenco como el folclore soltaron sus semillas. Algunos grandes, como el Chango Farías Gómez en los años 90 con La manija, soltaron la semilla del encuentro entre ambos géneros y nosotros no somos más que el fruto de la tierra empreñada.

Ante el interrogante de cómo es que una flamenca se une con artistas del folclore me surge la pregunta inversa: ¿por qué no? Si vivo acá en Argentina, si comparto la vida cotidiana con malambistas y cantores de zamba como con flamencos y si leo a poetas locales: ¿por qué no? No hacerlo sería una privación muy desdichada.

El flamenco y el folclore argentino tienen en común dos aspectos de la vida cultural que se nutren uno a otro: el académico y el popular. La excelencia en la ejecución que requiere de virtuosismo técnico y la espontaneidad, lo que se transmite de generación en generación en la vida cotidiana. Yo misma he tenido formación académica y también de la otra, la de tablaos y peñas, la de la improvisación. Kaminos es fiel reflejo de la conjunción de todas estas vertientes y probablemente en ello resida su carácter de producción argentina. Como país surgido de la inmigración, somos hijos de la mixtura, nuestra esencia es la mezcla, el encuentro, el entrevero, la tensión de elementos heterogéneos. El acercamiento que propongo entre folclore y flamenco se plantea como una empatía entre los pueblos y no como una “conquista” de un género sobre el otro.

Amaranta lo pensé en principio como un encuentro entre colegas. Mi primer planteo fue que cada uno aportara lo suyo en escenas concretas que propuse tanto para los flamencos como para los folcloristas y comenzáramos a buscar en qué puntos nos cruzábamos. Hay uno de los cuadros, por ejemplo, que se me ocurrió en una prueba de sonido de un espectáculo anterior. Dos de los cantores folclóricos se habían puesto a jugar probando y cada uno soltaba alguna copla. Me gustó la idea de las voces superpuestas así que le propuse a Álvaro González, cantaor flamenco, que se sumara. A eso le integramos el baile también superpuesto.  Así se fue armando una escena casi onírica en la que finalmente los diez integrantes del elenco participamos.

Mis compañeros se fueron contagiando de esta inquietud y naturalmente surge siempre en los ensayos el querer aprender un poco de lo nuevo que nos trae otro lenguaje. Otro ejemplo que me encanta de este contagio es el de cuando estábamos con Álvaro imaginando como sería mi baile. Decidimos que fuera un romance. Así se llama uno de los cantes flamencos. Días más tarde él me trajo un poema que había encontrado:  -Mirá, esto podría cantar por flamenco para tu baile. Era el “Romance de la copla perdida”, de Atahualpa Yupanqui

Así se fue armando  Amaranta y la presentamos el año pasado en Fukuoka y Kumamoto, Japón. La gira nos afianzó como grupo y seguimos en la misma búsqueda, haciendo honor al nombre de la obra. Amaranta, del griego, lo que no decae.

Clara Giannoni, bailaora y directora de Amaranta. Funciones viernes de mayo a las 21hs en Caras Caretas de Sarmiento 2037


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