Posteado por: saquenunapluma | 03/05/2015

Orígenes de Quiro , mágicos misterios del mar :: Por Hernan Belloti

Quiro,misterios marEn Quirno,Clara, un joven aprendiz de hechicera, por medio de un inocente descuido, pierde a su hijo, el cual es encontrado por un grupo de piratas que navegaban a bordo del “Periplez”. La joven bruja sin conocer el verdadero motivo de la desaparición del pequeño culpa a los tripulantes del Periplez y desata sobre ellos una maldición, condenándolos a la deformidad y al mal. Veinte años más tarde, dicho niño se transforma en el gran pirata Quiro Barbento, al mando del Periplez, que junto con sus amigos de toda la vida surcan los mares en busca de tesoros… pero hay algo más importante para Quiro que cualquier botín, su identidad. El joven se siente que no es un pirata, intuye que algo le falta, y Rosarito, una muchacha con ansias de aventuras, será la clave para que descubra quién es realmente. Escenas desopilantes, a través de los recursos del Teatro Negro y el Teatro de Títeres, se desarrollan mientras los piratas se acercan a la morada de Clara, lugar sombrío si los hay, en donde las preguntas que habitan en Quiro podrán encontrar su respuesta.

Creo que la historia empezó con dos imágenes que inquietaban la mente de Francisco Ramírez (el director): una hechicera jugando a maldecir unos galeones  y una niña que soñaba con ser pirata. Esto fue lo que me transmitió el director en nuestra primera reunión (bastante informal por cierto) mientras desmontábamos la escenografía de otra obra que mantuvimos en cartel durante tres años en Andamio 90 (Adair, aventuras elementales)  Supongo que me quedé un poco atónito, o le dije que sí, que habría que ver o algo así. Unos meses más tarde, a la vuelta del verano, recibí un mensaje con datos más precisos desde mar del plata donde el director estaba haciendo una gira: habría tres historias. La novedad la constituían un pirata bondadoso, llamado Quiro Barbento, que debía su nombre a un reclamo infantil que se devela al final de la obra  y su ridícula tripulación, una banda de marionetas inútiles que constantemente confundían sus órdenes. La hechicera seguía estando y la niña también, solo que ahora se llamaba Rosarito y no era tan niña. Desde allí volvimos a empezar. A partir de entonces, el desafío era tratar de enlazar esas tres historias. Enseguida tuvimos una segunda reunión, en el departamento de Fran (más formal ahora, con mate y galletitas), en donde el director me expuso la idea que quería transmitir: las disímiles apariencias de los piratas-marioneta, el capitán, la niña y la bruja eran solo eso, apariencias; cada uno a su manera, los personajes mentían en lo que eran y el devenir de la obra debía conducirlos hacia la verdad, es decir, a su verdad. Así y todo, se me ocurría muy poco.

Para combatir mi falta de inspiración (también mi desesperación), recurrimos a una tercera reunión, que además del mate y el bizcocho nos trajo el aporte de Ariel Nesterczuk, escenógrafo y vestuarista. Entre los tres expusimos las posibles variantes de la trama, las sopesamos, buscando sus potencialidades, analizando sus debilidades. Recuerdo haber salido del departamento de Fran muy contento, con la idea de que habíamos podido solucionar algunas de las trabas que limitaban el desarrollo de la obra. Resolvimos el vínculo entre la Hechicera y el capitán Barbento; decidimos también que Rosarito, una chica abrumada por los designios represores de su madre, se transformaría en pirata, dando rienda suelta al anhelo secreto de su corazón: vivir aventuras en el mar. Y algo más: Rosarito se convertiría en el motor de la trama; gracias a ella, el capitán Barbento y su tripulación llegarían a descubrir su verdad. A partir de allí, la historia fluyó, cobró vida. Y estando aún incompleta la escritura de la obra, el grupo preparó un una muestra especial para los más allegados. La función resultó divertida y con mucho ritmo. Para mí, que me había  limitado a enviar vía mail las escenas, esos papeles sueltos ahora convertidos en obra, constituyeron un pequeño milagro. Ahora sí había que concluir la historia. Dicen que la inspiración llega cuando quiere, y a veces, donde quiere.

Supongo que además, que cuando la creación es de a dos, el diálogo sirve para despejar caminos. Eso sí, jamás hubiese imaginado que el vehículo de ese diálogo fuese una serie interminable de mensajitos de texto entre Francisco y yo, arriba de un colectivo, cuando volvía vaya a saber de dónde, feliz (y felices) de haberle dado a Quiro un final,  un posible término. Así nació “Quiro, mágicos misterios del mar”  para disfrutarla domingo a domingo en Andamio 90

Hernan Belloti , autor teatral. Quiro, mágicos misterios del mar. Funciones: domingos a las 16hs. Teatro Andamio 90. En vacaciones de invierno: jueves, viernes y domingos a las 16hs. Andamio 90: Paraná 660


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