Posteado por: saquenunapluma | 02/17/2015

María Isabel Bosch acerca de La Mancha Indeleble, sobre un cuento de su abuelo Juan Bosch.

indexLa Mancha Indeleble: Otro espectáculo de Tibai Teatro inspirado una vez más en un cuento de Juan Bosch.
TIBAI TEATRO, nuestro pequeño grupo de producción escénica, ha venido investigando, desde hace ya varios años, sobre la creación de montajes unipersonales a través de textos narrativos.
En mi caso, he elegido, hasta la fecha, materiales que emanan de lo más profundo de mi ser. Son textos escritos por un señor que fue mi abuelo, y por lo tanto, cuando los trabajo, resulta que me embarco en una especie de viaje telúrico a los rincones más escondidos de mi mapa genético.

En esta ocasión, una vez más, decidí sumergirme en la narrativa de Bosch, el papá de mi papá. Verónica y Diego, otra vez me acompañaron en el recorrido de este arduo camino que ya nos era familiar, digo esto, porque tenemos dos montajes anteriores con relatos del cuentista dominicano, pero, a su vez, este nuevo transitar, resultó diferente.
Este cuento, “La Mancha Indeleble”, que para los grandes analistas y críticos literarios viene a hablarnos de lo que es el autoritarismo, de entregar las cabezas por dictámenes, sin importar las particularidades y convicciones propias, nos seducía. El mundo político y comercial, de manera más clara cada vez, queda representado por tales imágenes literarias. Nos va envolviendo e hipnotizando para ir despojándonos de nuestra libertad y convertirnos en máquinas repetidoras, sin nombre, ni recuerdos, ni emociones.
Entonces, La Mancha Indeleble nos dice: “ojo, mira en lo que nos estamos convirtiendo”. Ese cuento con ganas de refregarle al mundo sus debilidades, me llamaba, me incitaba a que dejara que mi cuerpo fuera el canal de la matriz recurrente en nuestra historia… Sí, definitivamente mi alma quería formar parte de la aventura con esas palabras tan bien estudiadas y escritas por mi abuelo… Así que empezamos a trabajar. Tuvimos 12 semanas de ensayos diarios de 5 hrs.

Teníamos un primer inconveniente, a diferencia de otro espectáculo hecho anteriormente (Contando a mi abuelo. Juan Bosch, tres relatos), ya mi rol interpretativo no sería simplemente el de una nieta que jugaba a recitar los cuentos de su  abuelo, ya que tendría que encontrar otra impronta y otra forma de encarar este desgarrador testimonio, el de tantos seres anónimos que se plantan la insignia de alguien que se los ordena.
Entonces, con Vero, empezamos a buscar esa nueva figura mía de ejecutante, de actriz–danzante de los estados y las emociones que se desplegaran de las acciones a pergeñar y vislumbrar y hallar, a través de un texto no dramático sino narrativo.
Una importantísima misión era la de encontrar la acción. Si bien el cuento narra un hecho, no quiere decir esto que, por contar lo que pasa con la sucesión de pequeñas situaciones, ya mi interpretación tenía asegurada con evidencia una acción dramática. Si en el rol de la dirección, nos quedábamos con eso, simplemente hubiésemos relatado una crónica un poco extraña y fantástica, que está ya contenida literalmente en los párrafos de mi abuelo. Sentíamos la necesidad de encontrar la acción con cada parte de mi cuerpo y de mi voz que me hicieran vibrar y salir de ese punto cómodo de “seguridad” actoral. Sabíamos que tenía que estar todo en movimiento, cada célula de mi ser hasta llegar a expresar y canalizar emocionalmente una trama paradigmática de la humanidad.
Fue así como iniciamos una tarea diaria para explorar una dramaturgia actoral. Anotamos en hojas en blanco todos los verbos contenidos en el texto. Verbos que se repetían y que debíamos encontrar la acción física, vocal y dramática para cada uno…Ensayo-error, ensayo-error, ensayo-error. Verdaderas semanas de sufrimiento creativo.
Algunas veces, en nuestras jornadas, solíamos acompañar los tanteos con una cámara de video. Y ¡Eureka!, un día apareció un vistazo, una imagen que develó cómo sería el proyecto en creación.

Entonces, a partir de la oralidad que ya teníamos de las palabras prestadas por Bosch, comenzaron a aparecer las secuencias de acciones físicas. Secuencias que fueron definiendo cada vez más el tono físico que mi tronco debía ir teniendo para cada momento de la tragedia y que fueron trazando en el espacio la partitura. Por lo tanto, “el camino a seguir” empecé a encararlo en distintos planos: el expresivo corporal, por supuesto, y otro emocional, encontrando acciones orgánicas que ilustraban lo que describía y otras en las que negaba completamente lo que acababa de pronunciar.
Además de todo esto, dedicamos horas al exhaustivo estudio de las máscaras faciales. Como la historia que estábamos dibujando habla todo el tiempo de “Entregar la cabeza”, queríamos encontrar la cara de los anónimos que realizaran semejante acción.
Por otro lado, es dable señalar que en Tibai Teatro nos entrenamos así: en nuestras rutinas de trabajo, siempre estamos convencidos que la música es uno de nuestros grandes aliados. Es un bastón que nos impulsa a desenmarañar la madeja creativa.
Por eso, fuimos añadiendo y descubriendo que el universo sonoro de este espectáculo iba a estar protagonizado por la resonancia de un cuenco. El cuenco tibetano, instrumento milenario que nos descubriría el imaginario que queríamos trabajar y que poseía la “calidad” sonora de un mantra, ideal para la apropiación del personaje que estaba explorando.
Así que este sonido casi mágico, que atraviesa cualquier torso, indiscutiblemente lo vuelve cuerpo en acción. La vibración de las ondas sonoras me delinearon un sendero a seguir: circular, ritual, esotérico …, no busco más palabras: teatral.
Nuestras puestas suelen ser simples. Este espectáculo requería lo mismo. El espacio está vacío. Apenas enmarcado por alfombras colocadas en forma de una cruz y roja, alusiva a tantas doctrinas e ideologías extremas, tan reiteradas en la memoria de la humanidad. A su vez, el bosquejo del espacio nos permitió dividirlo en zonas escénicas que irían acentuando un crescendo dramático.
El montaje se ve acompañado por una puesta de luces que remarca o enfatiza la tragedia. Diego diseñó y acertó con los colores, intensidades y direcciones lumínicas logrando una sinécdoque visual del lenguaje expresivo energético encontrado en cada jornada de prueba. Sordidez, inocencia, ensueño fueron las palabras disparadoras para sintetizar el acompañamiento luminoso elegido para cada uno de los planos narrativos de la puesta, teniendo como directriz la necesidad de crear las condiciones ambientales que permitan apreciar la capacidad expresiva del instrumento actoral, eje central de nuestra propuesta.
Como en nuestros experimentos anteriores nos interesó poner el foco, una vez más en el cuerpo, la voz y la emoción de la intérprete, que en este caso soy yo misma. Por eso huimos del facilismo de un maquillaje y o indumentaria naturalistas. Decidimos tener un vestuario completamente negro-neutro, porque era la forma de hacer desaparecer en algunos momentos todo el talle, desde el cuello para abajo.  El dolor es visible a través de mi proyección catártica como actriz, con la ayuda técnica de esa dramaturgia descubierta a través de mis instrumentos de cada ensayo: cuerpo, voz y emoción.
Por último, no puedo dejar de indagar sobre otro aspecto que fue fundamental a la hora de trajinar: La Mancha. Esa mancha indeleble de la que hablan el cuento y el espectáculo. ¿Qué es en este caso la Mancha para nosotros? Mancha es un borrón, un tizne, una mácula, un pringue, y en el cuento es representada visualmente con una salpicadura de café. Por supuesto que jamás ilustraríamos el chorro de café sobre ningún elemento de vestuario -no nos gusta trabajar así-, pero en todo momento supimos que desde el universo explorado y hallado estábamos limpiándonos del desdoro, deshonra, baldón, ultraje, infamia, mancilla. Así que llegamos a la conclusión de que nuestro personaje reconstruiría su pasado, presente y futuro una y otra vez, para así tratar de limpiarse esa mancha que no se ve, pero que está en la mente de los que nos observan, esa mácula que nos marca y no podemos hacer desaparecer, en un tiempo donde todo lo que nos rodea nos empuja a entregar nuestras cabezas y a ser definidos por otros.


La Mancha Indeleble puede verse los domingos en el teatro Silencio de negras

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: