Posteado por: saquenunapluma | 02/14/2015

Eduardo Rovner, en primera persona. El hombre lobo: Escritura y puesta en escena

EDUARDO ROVNER 093

Desde hace tiempo intento hurgar en el sentimiento de persecución, la paranoia generada por la culpa de haber cometido un acto de violencia contra otro/s. Podríamos llamarlo el “miedo a la venganza”.

Muchas veces me sorprendía que las pasiones impulsivas de un agresor se transformaban, no pocas veces, en un tiempo, en cierta conciencia de culpabilidad acompañada, como dije antes, de miedo a la venganza.

Matar, en algún momento, casi inevitablemente, genera culpa y miedo.

Pero no encontraba ni la situación dramática ni los personajes adecuados para “descubrir – inventar” una historia que narre este acontecimiento y me permita desarrollar la obra.

Pasaron años hasta que se me ocurrió entrar (imaginativamente) en el mundo de los cazadores, para quienes matar se transforma en un acto aparentemente solo deportivo, que no genera ni penas ni culpas, pero ni bien penetré en la complejidad de la naturaleza de los individuos que practican esa actividad, comenzaron a aparecer las imágenes que conformaron la obra.

Se me ocurrió, entonces, la historia de un cazador que comparte con dos amigos, con quienes muchas veces sale a cazar, su miedo de haber matado a un hombre lobo. Hace un mes salió él solo con su perro a cazar en luna llena, le disparó a lo que creía que era un animal y nunca encontró el cuerpo. Por una serie de deducciones, extrañas, pero con una lógica singular, llega a la conclusión de que debía ser un hombre lobo.

Sus amigos intentan convencerlo que no puede ser, que sería absurdo, que es todo un delirio suyo, pero es inútil. Y como el día en que transcurre la obra, casi un mes después del hecho hay, también, luna llena, tiene miedo que esa noche venga a matarlo el hombre lobo que él hirió y carga su escopeta con balas de plata.

Por otra parte, esa noche, como acostumbran para divertirse lujuriosamente una vez por mes, llega una extraña mujer que baila árabe para ellos y, para complicar más la situación, les dice que no deben preocuparse, que ella fue amante de un hombre lobo y son fáciles de tratar.

Es así que se suceden una serie de acciones, algunas de terror, otras hilarantes y disparatadas, movidas por sus sospechas que hacen que cada tanto salga a su jardín, que se ve en escena y así como unas veces no encuentra nada, en otra aparece un murciélago al que le dispara convencido que es una transformación del hombre lobo y en otra encuentra a un gato al que, confundido por el pánico mata, hasta que se asoma, por el jardín, un hombre sospechoso, herido.

El cazador, seguro de que este es el hombre lobo, ante el espanto de sus amigos y de la “odalisca”, le dispara.

Sus amigos y la mujer huyen aterrados y sobreviene un final inesperado.

 Al poco tiempo de terminar la obra se la di a leer a Alberto Lecchi, con quien trabajé con mucho placer y entendimiento profesional en “Don Arturo Illia”. Le gustó e intentamos ponerla en escena, pero surgían inconvenientes de producción que iban postergando el proyecto.

Finalmente, en los últimos meses del año pasado pudimos resolver esos problemas, se armó el elenco, elegimos al productor ejecutivo, al escenógrafo – iluminador, al músico y a los demás integrantes del equipo técnico, encontramos el teatro adecuado y comenzamos a trabajar con miras a estrenar a mediados de febrero. Y así va a ser.

Con respecto al proceso de ensayos y puesta, confío plenamente en Alberto. Lo usual, para mí, es no asistir a los ensayos hasta unos 15 días antes del estreno. Creo que el director de una obra debe desarrollar el mundo que le sugiere el texto con la mayor libertad posible. Así como el autor pretende tener libertad para crear sus mundos, el director también debe tenerla. No tiene por qué estar subordinado al autor. Es tan artista como el autor. Y el proceso de ensayos va generando, naturalmente, un equilibrio entre las miradas, no solo del autor y el director, sino también de los actores, el escenógrafo, el iluminador y el músico.

La relación de trabajo con Alberto se ciñe a algunas conversaciones en las que, frente a aspectos diferentes en el imaginario de ambos, acordamos lo que creemos es la mejor solución.

Lo más importante es que lo que hacemos TODOS quienes integramos el proyecto, nos guste mucho.

Que sea exitoso, es impredecible.

 

Eduardo Rovner, autor de El hombre lobo. Funciones viernes y sábados a las 20.30 hs en el Auditorio Losada

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