Posteado por: saquenunapluma | 09/29/2014

Juan Gabriel Miño. En primera persona // Agua que corre al mar o Paraguay, el musical

Paraguay Foto

 

Agua que corre al mar o Paraguay, el musical nace como proyecto de obra gracias al puntapié de un festival de directores, El Porvenir, que se realizó en agosto en el Club Cultural Matienzo (Es un festival que se viene haciendo desde hace unos años, que organiza el grupo Efímero, y lo que tiene de peculiar es que no hay un jurado que seleccione las obras a presentar, sino que son los mismos directores que ya han participado los que se van pasando una especie de “posta”)

 

Así es como a fines del año 2013 me entero que tenía que hacer una obra, no como encargo u obligación sino como una manera de agradecer a la nada esa posibilidad de espacio que me estaban brindando. Cuando uno decide dirigir teatro de algún modo se transforma en un todo, terminás siendo el director, el productor, la mayoría de las veces es el mismo dramaturgo y es un trabajo que desgasta, uno en una obra está muy demandado por todas las áreas y no queda otra opción que hacerles frente. Y una de esas áreas, tan complejas, son las salas, los espacios, el lugar donde uno va a hacer su obra. Siempre digo que buscar sala es como buscar departamento o buscar casa. Es donde uno decide que ahí va a vivir su obra, porque lo más hermoso e intenso del teatro es que la obra termina ganando autonomía, la obra nada tiene que ver con su autor. Uno trabaja para ella, para la obra, y es ella quien hace y deshace a su gusto. Empieza a manejarte, te empieza a pedir que le sumes, que le saques tal cosa, es como un nene en crisis una obra. Te exige, uno puede darle algunos de los deseos pero no todos. Entonces al ser programado, al sentir que ya tenes una casa esperándote, uno agradece y entonces ahí empieza a escribir, a probar con los actores, pensar ciertas luces, algunos climas. La obra te hace tropezar, te golpea y te da una intensidad que pocas veces se vive en el día a día, los que hacemos teatros entendemos que hacer esto es venderle el alma al diablo. Ahí, con fecha en El Porvenir 2014, en agosto, en el Club Cultural Matienzo se empieza a gestar esta obra.

 

Se trabajó para explorar en nuevos lenguajes, en una primera instancia pensábamos en una obra como recital, como si el todo pudiera ser grabado por un micrófono y de algún modo los actores, sus voces y sus cuerpos fueran una orquesta. La sonoridad en primer plano siendo apoyada por la plástica. Que esa obra fuese un cuadro que canta o que hace sonar diferentes melodías con las voces. Explorando con un músico en vivo y en la totalidad de los ensayos, para que la música se desarrolle en el mismo embrión en el que estaban involucrados los actores. Llegamos al Porvenir con este trabajo desarrollado y un espectáculo pulcro, superando nuestras expectativas. Pero las mismas funciones nos devolvieron nuevas cosas, otros interrogantes, otras necesidades. Hicimos cuatro funciones en la primera semana de agosto y un mes después teníamos programado el estreno de la obra entera en La Carpintería. Ahora, con nuevas imágenes en la cabeza apuntamos al todo por el género que habíamos decidido convocar: “El musical”. Entonces, a partir de ese momento la pregunta y búsqueda estaba en cómo mechar escenas actuadas con escenas cantadas. Cómo ingresar posterior a una canción a la escena. Cómo interactuaba el género con la situación que los rodeaba y cual era la singularidad de cada uno de estos personajes, qué los vuelve nobles, cómo en el borde de una crisis pueden estos intentar ayudarse, a sí mismos, al otro o a nadie. Qué se asocia estando en un territorio extranjero, quién tiene la culpa cuando un auto se rompe. El auto, uno o nadie. La existencia de un destino inexorable, como una forma trágica de pensar o vivir la vida.

 

El trabajo se desarrolla, y va llegando a su día de estreno. Y en lo personal, hacer esta obra, me ilumina nuevamente entender que el teatro sólo es posible si hay un equipo humano que lo contenga, podría tener los mejores actores del universo pero si hay algo en el vinculo humano de ese conjunto que no fluye, nada de esto podría pasar. Hacer teatro me enseña a ser chiquito e imprescindible, porque la tarea depende siempre de otro. Pienso y sostengo que esta obra puede hacerse únicamente porque tiene un grupo de actores que transpiran la camiseta en ensayos, que entienden la escena de la misma manera que la entiendo yo, que no poseen prejuicios a la hora de jugar, porque más allá de que los espacios, el contexto, que va cambiando uno no debería olvidarse que el teatro es algo totalmente inútil y podríamos vivir perfectamente sin él, pero lo hacemos porque es un juego, serio. Un juego serio es.

 

Un párrafo aparte es dedicado a la asistencia de dirección. Siempre pensé que sin asistencia de dirección no hay dirección, uno no puede con todo y necesita un compañero, el rol del asistente es poco reconocido y es el que yo más admiro. Tuve la suerte de tener asistiéndome, en mi poca experiencia, gente muy querida, pero no es tan sólo por el cariño sino que es una manera de defender el espacio que ocupa un asistente de dirección, que es muy grande y es otro eslabón en cualquier obra de teatro: los actores, la asistencia y la dirección. El asistente tiene un pie adentro y un pie afuera, puede ver las cosas con más objetividad, es el único que tiene la lógica, sigue el proceso pero puede no involucrarse y va guiando a la dirección para encauzarse.

 

Los actores de esta obra son: Lucía Asurey, Fernando Contigiani García, Guadalupe Fernández Peña, Marcos Gómez y Julia Morgado. El diseño sonoro viene de la mano de Franco Calluso. El espacio delimitado fue creado con el vestuario y escenografía de Pia Drugueri y la iluminación de Francisco Hindryckx. El equipo de dirección lo completa Camila Peralta.

 Juan Gabriel Miño
Autor y Director


 

Agua que corre al mar o Paraguay, el musical
Sinopsis

Un grupo de jóvenes de clase media alta viajan a un casamiento en San Ignacio, Paraguay. Algo atasca el viaje, se trunca, se pierden. No saben cómo llegaron, no recuerdan, ni lo intentan. La tierra colorada los hace asociar con la sangre, piensan en la Guerra de la Triple Alianza, que ellos le deben algo al Paraguay. Cómo recrear la historia es el interrogante. La tierra se está vengando o es la humedad que armó una neblina mental.

 

Domingos 5/10 y 12/10 a las 18:00 hs. en La Carpintería (Jean Jaures 858)

Reservas por Alternativa Teatral.

 

Actúan: Lucía Asurey, Fernando Contigiani García, Guadalupe Fernandez Peña, Marcos Gómez, Julia Morgado.

Diseño Sonoro: Franco Calluso.

Escenografía y Vestuario: Pía Drugueri.

Iluminación: Francisco Hindryckx.

Coreografía: Martín Piliponsky.

Fotografía: Gerardo Azar.

Diseño Grafico: Altair Mon.

Producción Ejecutiva: Rosalía Celentano.

Asistencia de Dirección: Camila Peralta.

Texto y Dirección: Juan Gabriel Miño.

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