Posteado por: saquenunapluma | 09/07/2014

“El creador artístico da vida y forma estética a un pensamiento” :: Entrevista a Giampaolo Samá :: Autor e intérprete de LAMERICA

giampaolo sama lamerica puentes amarillos club de arteEn el teatro, un cocinero italiano a bordo de un barco nos recibe. Está cocinando un ragú. Su preparación llevará una hora. El tiempo que durará la representación teatral. Como un juglar, el cocinero  se metamorfosea y desdobla a lo largo de esa hora en múltiples personajes para narrar retazos de historias de inmigrantes.

En LAMERICA, unipersonal de Giampaolo Samá, su autor e intérprete nos lleva por un doble viaje que se unen en un mismo acto: italiano residente él, nos cuenta las historias de ellos, los otros, los que vinieron. Pero esas historias son esencialmente constitutivas de nuestra propia historia como colectivo social, de nuestra propia identidad cultural. Es la historia nuestra, la de nuestros abuelos. La trama invisible de todo lo que está contenido en nuestra lengua natal.

Pero también es la historia de la violencia desplegada sobre esos cuerpos otros. La constitución Nacional Argentina desde su preámbulo dice, programáticamente: “Asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino” Texto fundacional de la Patria, mito fundante de un país que se promete abierto para recibir con brazos extendidos al extranjero, ha sido desmentido de hecho una y otra vez por la realidad y también por la literatura dramática.  Desde la Babilonia de Discépolo a Juan Carlos Gené, con una de sus últimas creaciones, Todo Verde y un arbol lila, el tema de la inmigración ha sido abordado desde múltiples registros poéticos. Violencia estatal y burocrática. Violencia y explotación laboral. Usufructo de su fuerza de trabajo y discriminación social y laboral. Violencia inscripta en el lenguaje.

Giampaolo Samá enhebra cada retazo de historia desdoblándose en múltiples personajes valiéndose de unos pocos elementos escénicos que expanden el mundo de la obra desde su punto de partida inicial (la cocina del barco), transformándolo una y otra vez en distintos espacios, para llevarnos incluso hasta la inmensidad misma del mar. Ese mar que los trajo, y que también esconde los cuerpos de los que naufragan en el intento de ir a hacer su América aquí y allá. La historia se repite dos veces, decía el viejo Marx.

LAMERICA no es sólo la historia de los inmigrantes de principio del Siglo XX. La obra actualiza una y otra vez la Historia, inscribiendo en su polifonía de voces también la de aquellos que hoy escapan de sus realidades en busca de un futuro un poco menos peor. El registro y el tono de la obra es un verdadero hallazgo. Navega entre momentos de una enorme ternura y emoción hasta momentos deliciosa y cruelmente cómicos.
LAMERICA se inscribe temática y poéticamente en una vasta tradición literaria y teatral, pero también es un material dotado de una gran singularidad. Despuntando su enorme y particular potencia poética y sensible a partir de la construcción de un lenguaje teatral sintético, exquisito y poderoso,  su autor celebra el artificio y lo expone al mismo tiempo gracias un virtuoso tramado fragmentado en el que emerge también, él mismo como Autor hablándole al público en primera persona, inscribiéndose él mismo, Giampaolo Samá, como posición enunciativa desde la que narra. Procedimiento bretchiano el del distanciamiento, lenguaje muy contemporáneo el de la fragmentación,  puesto al servicio de un teatro que insiste, felizmente, en la necesidad de Narrar. Y de narrarnos. (Sábados 22.30 en Puentes Amarillos, Libertad 1230 / http://www.puentesamarillosweb.com.ar/)

 


 

giampaolo sama dramaturgo“El creador artístico da vida y forma estética a un pensamiento”
Entrevista a Giampaolo Samá

 

¿Cómo se gestó LAMERICA? ¿Qué influencias, literarias, historiográficas, cinematográficas, materiales biográficos y huellas de tu propia memoria familiar reconocés en su proceso de creación y cómo trabajaste con ellas para construir tu obra?

LAMERICA siempre habitó mi imaginación, como italiano y calabrese la emigración es, para mí, un tema muy presente y actual: mi abuela materna nació en Río de Janeiro donde los padres habían emigrado y al rato retomaron la vía del retorno. En fin, los italianos siempre nos movimos por el mundo y podes encontrar italianos en cualquier rincón del planeta, donde menos te lo esperás.

La obra se hizo urgente cuando yo, de emigrante, llegué a la Argentina hace 7 años. Entonces LAMERICA empezó a dibujarse en los trámites kafkianos que iba haciendo para mi radicación en una realidad que se volvía marcadamente teatral. Y ahí empezaron a reflotar también las cartas de los emigrantes que están recopiladas en un preciosísimo libro que había leído años atrás en la universidad, Merica! Merica! de Emilio Franzina, y también otra obra de investigación que se llama Odissee de Gian Antonio Stella (escritor y periodista del Corriere della Sera), Novecento de Alessandro Baricco, Emigranti un texto teatral de Sławomir Mrożek y películas: Nuovo Mondo, de Emanuele Crialese, filmada en el Hotel de los Emigrantes acá en Buenos Aires; Pane e cioccolata de Franco Brusati interpretada por un fantástico Nino Manfredi; Rocco e i suoi fratelli de Luchino Visconti y muchas más que dejaron una huella en mi memoria y que reflotaban como después de un naufragio a medida que el trabajo de escritura iba adelante.

El proceso fue bastante largo y difícil, en total duró un año desde que escribí la primera línea hasta el estreno. Escribía mi primera obra y la enfrentaba con poca conciencia acerca de las reglas de dramaturgia. Aprendí haciendo. Cuando terminé la primera versión, la leí y acto seguido la tiré a la basura. Tenía todo, las historias, los personajes, pero faltaba acción dramática, una forma teatral para contar todo esto. Tuve que empezar de vuelta. Con otro texto escrito arranqué los ensayos de la mano de un director que intentó guiarme también en la dramaturgia pero a los 4 meses me di cuenta que había perdido el control de todo y estaba yendo donde no quería. Estaba contando otro cuento así que otra vez todo a la basura y nuevo arranque con otra persona a la dirección. Ahí se me ocurrió que el protagonista podía ser un cocinero de barco que elige el mar como su tierra, un personaje equidistante y testimonio directo de esas historias. A esta altura y con mucha más práctica el trabajo se volvía más sencillo, lo que escribía y proponía en los ensayos iba quedando y me estaba dando cuenta que había escrito una obra a mi medida. Escribía sabiendo cómo iba a poner en escena esos textos. Las cosas surgían de manera orgánica y poco después del estreno también esa directora bajó del “barco” y seguí el viaje solo, volviendo a trabajar sobre la dramaturgia y la puesta que definitivamente se transformaban aún más, si todavía quedaba alguna duda, en algo muy personal, completamente mío.

 

Sos el autor e intérprete de la obra, y además, italiano residente en Argentina, lo cual permite imaginar una relación muy íntima entre la obra y tu experiencia subjetiva. ¿Cómo pensás la relación entre creador y creación? ¿Qué te impulsó a hacer la obra?

Una exigencia: las ganas de volver al escenario. Venía de trabajar mucho en Roma y mudándome a Buenos Aires a los 37 años tuve que empezar de vuelta con todo: aprender un nuevo idioma; conocer nueva gente; entender que quería hacer en teatro y cómo lo quería hacer. En fin, algo parecido a un nuevo nacimiento con sus dolores y sus esperanzas por las novedades. Me costó tres años y como nadie me buscaba ni para ir a tomar un café fui yo a salir a la calle y a presentarme a ésta ciudad, a recortarme mi pequeño espacio y contar esa historia que, en este país, es historia de todos siendo la Argentina una nación que debe su existencia y su desarrollo a los millones de inmigrantes que de todos los rincones del mundo vinieron a poblarla. No fue nada fácil pero se dice que los calabreses tenemos la capa tosta – “cabeza dura” – en el sentido que cuando queremos algo no desistimos hasta lograrlo y bueno, con errores y aciertos logré lo que quería.

Por cuanto concierne tú pregunta, casi teológica, sobre creador y creación pienso en las palabras de Juan Pablo II en una carta a los artistas del 1999 de la que intentaré resumir unos conceptos que me ayudan a definir esta relación: en el idioma polaco hay una increíble cercanía entre las palabras stwórca (creador) y twórca (artífice). Moldeando y creando una obra, el artista expresa de hecho a sí mismo a tal punto que el resultado de su trabajo constituye un reflejo de su ser, de lo que es y de cómo lo es. El creador artístico entonces da vida y forma estética a un pensamiento y por medio de la obra de arte devela su propia personalidad, habla y comunica con los demás. Por eso hay que pensar en la historia del arte no sólo como historia de obras, sino también como en la historia de hombres y mujeres que buscaron una comunicación con el mundo que los rodeaba. Un creador, además, tiene que tener conciencia del duro trabajo que enfrenta y tiene que operar sin dejarse llevar por la búsqueda de la gloria fácil, del éxito popular, del provecho personal, cosas que sirven sólo para el ego. Hay una ética, una espiritualidad del servicio artístico que contribuye a la vida y al renacimiento de un pueblo.

Las distintas escenas que se suceden a lo largo de la obra se articulan a través de la voz del cocinero de un barco (no el doméstico, sino el trabajador), que está preparando un ragú: sobre ese personaje y su plato se articulan y muchos de los sentidos que se despliegan el a obra (la identidad, la diferencia de clase;  hasta llegar a simbolizar a Los Ahogados)   ¿por qué el cocinero, por qué el barco, por qué el ragú?

Retomando por un instante el concepto de la búsqueda de un dialogo con la sociedad, pienso que ésta relación puede ser posible o por ahí más sencilla de lograr si los personajes que mueven la historia son reconocibles y cercanos. Son los últimos de la escala social que hacen la historia: los trabajadores, las masas. En este caso un cocinero encerrado en su cocina, adentro de un barco en el medio del océano, me parecía el personaje más cercano y creíble para poder contar la condición y las experiencias de un emigrante: persona alejada de sus seres queridos y completamente solo en su odisea a la par del cocinero rodeado exclusivamente por sus instrumentos de trabajo.

La elección del barco fue muy natural: es un lugar del mundo afuera del mundo, no es de acá ni de allá sino es el puente que une el allá y el acá. Y el ragú: ese tuco tan italiano con su significado etimológico (despertar el hambre) tan fuerte y que en Buenos Aires, con la llegada de los tanos entra directamente y prepotentemente en el idioma (tengo un ragú bárbaro, vamos a morfar = tengo un hambre increíble, vamos a comer), nos cuenta metafóricamente la condición más dura de la emigración, el hambre que se mezcla a la nostalgia por los olores de la casa lejana.

Otro de los motivos que insisten y se despliegan en distintas escenas es el Nombre Propio: desde las escenas de las oficinas migratorias, hasta las del casting, la cuestión del Nombre. Se cifra en ello el problema de la Identidad ¿Cómo pensás la relación entre teatro y construcción de la Memoria colectiva?

Cómo decía, para mí, es fundamental el rol del teatro para el análisis crítico de la sociedad. Pienso en el trabajo de Dario Fo y Franca Rame y en su ejemplo ético y político en éste sentido. Pienso en la experiencia, única en el mundo, de Teatro Abierto ’81 que fue tema de mi tesis de licenciatura. En ese entonces el teatro fue un instrumento poderoso para afirmar y consolidar la memoria colectiva y despertar un pueblo sumiso y maltratado. El tema de la Memoria es el tema principal en este rincón del mundo y el teatro juega un rol protagónico para su construcción y afirmación.

La obra aborda también, al problematizar los procesos migratorios, la cuestión de las fronteras de los Estados Nación. En tiempos de un nuevo rebrote de la guerra interminable en Palestina, de oleadas inmigratorias africanas hacia Europa que naufragan antes de llegar, o que al llegar son sometidos a regímenes casi esclavos de trabajo, y lo mismo en Argentina con los emigrados de acá cerquita, el hombre quiere su Tierra, y quiere su trabajo. Antes y ahora. ¿Qué relación pensás que existe entre el contenido particular de la obra y su contexto sociopolítico actual; entre lo particular que narra y lo Universal a lo que alude?

Cuando me encontré yo en la condición de emigrante fueron muchas las sensaciones y los pensamientos que me invadían. Mi nueva condición me dio la oportunidad de meterme en la piel del otro: yo tuve la suerte de estar de los dos lados de la “frontera” y esto intento llevarlo en la obra en la escena del sueño de la balsa. En ese fragmento (que es una cita de un texto de Giorgio Gaber, un autor, actor y cantautor italiano) de LAMERICA intento analizar la condición del hombre que después de un naufragio está a salvo – o casi –  y la de otro naufrago que para salvarse necesita ayuda. Y entendí que es muy difícil meterse en la piel de otro, probar a entender sus dificultades, escucharlo en serio, mirándolo en los ojos. Hoy en día las relaciones humanas se están volviendo tan superficiales, estamos todos tan virtualmente conectados que siempre meno se busca el contacto directo, físico, concreto y eso trae como consecuencia que las barreras, las fronteras sean siempre más marcadas cuando, al revés, tendríamos que ir contra la corriente y anularlas esas fronteras, primero las mentales y acto seguido la físicas, las que dividen los países y los hombres. Pienso que vivimos en un único país que es la Tierra y que nuestra condición transitoria nos tendría que despertar las ganas de abatir diferencias para acercarnos, para conocernos, para compartir ese rato que nos tocó vivir. Pero este pensamiento es tan simple y tan al borde de la banalidad que es muy difícil de concretar.

Una de los elementos más atractivos del lenguaje de la obra me resultó el modo particular en el cual está contenido y concebido el espectador. El cocinero habla a público como personaje/narrador; el actor evidencia su presencia al romper el artificio y dirigirse al público en carácter de Autor; el Vendedor de Humo remata ante el espectador pedazos de Tierra en un lenguaje expresivo de feriante. El público es interpelado desde diferentes ángulos, potenciando la politicidad de la obra no sólo por el contenido que aborda sino también desde sus procedimientos formales. ¿Cómo nacieron estas decisiones? ¿Cómo pensás la relación entre forma y contenido?

Son decisiones que surgen de manera casi natural. Era fundamental impostar éste espectáculo sobre líneas épicas donde el espectador es el protagonista y viene constantemente interpelado. Es un acercamiento al teatro épico donde la dramaturgia en algunos instantes se aleja de la ficción escénica para permitir al espectador una mayor participación, transformando su rol de pasivo en activo. Subrayando la ficción escénica intento acercarme no tanto a la emoción del público sino apelar a su racionalidad. Intento estimular un pensamiento activo. Con Lamerica no se busca la catarsis, aunque es inevitable que llegue a lugares tan vivos en la memoria argentina pero cada vez que las emociones aparecen se cambia registro para abrir un dialogo entre actor y espectador y permitir a este último un análisis más racional de la historia ayudándolo a dejar de lado, lo más que se pueda, las emociones y el sentimentalismo que no le permitirían un lúcido análisis crítico. Son conceptos que ya existían en el teatro oriental y en la farsa medieval y que con el tiempo y la afirmación del teatro moderno occidental, del teatro mimético, realista y naturalista se fueron como olvidando o dejando un poco de lado.

 

¿Estás trabajando en un nuevo proyecto. Qué nos podés contar de tu próximo trabajo? ¿Lo pensás de algún modo como continuidad con esta experiencia tan intensa que imagino que debe significar Lamérica para vos?

Estoy trabajando a un nuevo unipersonal y considerando que Lamerica es una experiencia muy íntima y personal busqué alejarme un poco. La nueva obra se llama: El Viaje – una comedia poco divina y cuenta las increíbles aventuras vividas por un humilde mozo de taberna que tiene la buena/mala suerte de cruzarse nada menos que con Dante Alighieri quien, tal vez medio borracho, lo invita a seguirlo en su viaje en el más allá con la promesa de un abundante sueldo y comida segura. El viaje no está exento de encuentros/desencuentros con demonios y almas generando constantes situaciones cómicas a veces sugeridas por la misma Commedia, otras veces surgidas gracias a la mirada trasversal y trans-mutadora del modesto peregrino.

Éste, en síntesis, es el argumento de la nueva obra que ya tuvo una primera presentación en La Rioja el 31 de agosto y que ahora vuelve en fase de ensayo como un work in progress en espera del estreno oficial en Buenos Aires. Me quise meter en el mundo dantesco desde la mirada de un juglar ante todo para devolver al cuento del Dante una lectura de comedia. Ejercicio banal si pensamos que él mismo llama a su más grande creación Commedia (el adjetivo Divina es póstumo). Arduo emprendimiento si consideramos las dificultades de lectura que puede tener un texto escrito entre 1304 y 1321 en un idioma del cual se perdió el uso, que cuenta de personajes e historias ya completamente olvidadas. Y solo un juglar podría contar hoy en día ese cuento. El juglar es un ser múltiple: […] es un poeta, un actor, un saltimbanqui; […] es un vagabundo que vaga por las calles y hace espectáculos en las aldeas; […] es el charlatán que divierte al gentío en las esquinas, es el autor y actor de los espectáculos que se dan los días de fiesta a la salida de las iglesias; […] es el fabulador, […] el saltimbanqui fanfarrón e imitador; el bufón que se hace el estúpido y dice tonterías; el juglar es todo esto y mucho más. (E. Faral, Les jongleurs en France au Moyen age [Los juglares en Francia en la Edad Media]). Por todo esto es él quien, a su manera, nos trae a la modernidad uno de los textos más importantes de la literatura mundial. El juglar, como Dante Alighieri, es uno y múltiple: es narrador, autor y actor de este cuento. El trabajo de puesta en escena intenta reencontrar la esencia de aquel teatro juglaresco y de calle, sinvergüenza y all’improvviso que con la sola técnica actoral logra mostrar todos los personajes necesarios al cuento. La búsqueda de una esencialidad teatral que, cuando se logra, puede por sí sola hacer prescindir de toda la maquinaria, de las escenografías, de un gran número de actores. Alcanza con uno solo, único y múltiple actor que cada vez reconstruye el hilo del cuento en una telaraña de códigos que dibujan ora uno, ora otro personaje. Porque el actor, dice Dario Fo, es aquel que con nada hace todo. Se convierte en viento, se convierte en caballo, se convierte en mujer, se convierte en niño. Sin hacer imitaciones, sin cargar, solamente con pequeños gestos, indicaciones, alusiones. La magia del cuento de Dante, la rima que intento no perder y el ritmo completa la obra. Así que, están todos invitados a la fiesta no más tenga fecha de estreno.

 

Reseña y Entrevista: Mariana Mazover

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