Posteado por: saquenunapluma | 07/06/2014

“El corazón del incauto” de Patricia Suárez y Sandra Franzen con puesta en escena y dirección de Alejandro Ullúa

El corazón 3Por Alejandro Ullúa

Elección del texto:

Aunque nací en Buenos Aires, en el barrio de Recoleta, toda la infancia la viví en un pequeño pueblo sin nombre al sur de la provincia de Santiago del Estero. Lo ubicaban como el Km 49 porque era la distancia entre el poblado y la pequeña ciudad de Ojo de agua, limítrofe con el norte de Córdoba.
Mis padres eran santiagueños ambos, mi madre fue maestra rural y nació en La Banda, la ciudad más grande después de la capital provincial homónima, situada al otro lado de la mencionada, Río Dulce mediante.
Mi padre era el peón de una estancia situada en ese lugar. Se conocieron cuando ella se inició en la docencia, precisamente en la única escuela donde luego cursé la primaria. Lo que sucedía es que como mi mamá no tenía con quien dejarme, me llevaba a las clases y eso hizo, tal vez, que aprendiera a leer cuando apenas tenía tres años.
Por eso, mis primeros textos abarcaron todo tipo de género. Esto lo menciono porque significó un enorme contraste existencial desde el inicio y marcó mi vida: en la literatura el mundo era amplio, fascinante, colorido, exuberante; en cambio, aquel entorno, todo lo contrario.
Cerca estaban las salinas, el clima era demasiado seco, casi desértico, y todo el año hacía mucho calor durante el día e intenso frío a la noche. La única comunicación con los ámbitos urbanos de sendas provincias, Santiago o Córdoba, era la ruta.
Mi padre fue hijo natural de un italiano y mi bisabuela paterna, la menor de trece hermanos, hija de un vasco y una india, a quien llegué a conocer y que vivió hasta casi los 100 años. De modo que en el pueblo casi todos llevaban el apellido Ullúa y, por un lado u otro, éramos parientes.
Sin embargo, se aunaban en un estilo de vida austero, parco, riguroso. Había vestigios ancestrales en sus costumbres, por ejemplo, mi madre me contó que tuvo que lidiar con la familia de mi padre porque en su casamiento pretendían que los hombres comieran primero y luego, sobre la mismas mesas, sin limpiar, las mujeres y niños.
Cuando llegó a mis manos “El corazón del incauto” esa atmosfera volvió a revivir intacta en mi memoria. Las casas aisladas unas de otras, los perros durmiendo afuera y en estado de alerta, el corral con los animales, las huertas, el trato limitado de palabras, etc.
Pero también un mundo prohibido: el de la chica que había parido, a escondidas, entre las gallinas; los amores entre parientes; la homosexualidad masculina latente en los juegos corporales; los deseos reprimidos; la violencia de género.
Creo que si decido poner en escena esta obra es para visitar aquel pasado y exorcizar mis propios demonios e invitar al espectador para que reconozca los suyos en una comunión litúrgica que define el hecho teatral desde la noche de los tiempos.

Puesta en escena: planteo, razones y estética
La acción de la obra se desarrolla en los años 20 del Siglo XX y en el campo argentino. Resulta imposible despojar al espectador de la iconografía de la época ya sea en la ambientación o la indumentaria.
Resultaría insensato pretender trasladarla a nuestros días o décadas posteriores porque la incomunicación obligada y el entorno hostil donde moran o sobreviven (nunca mejor empleada la palabra) estos personajes, define sus personalidades. Las didascalias plantean el interior de una casa rural que conectan las diferentes escenas y encadenan las mismas como núcleo visual. Esto es vital para el desarrollo de la trama: en la intimidad este matrimonio puede vivir una fantasía que sería intolerable para el rígido esquema del afuera. Ese hogar es su refugio y el centro de sus acciones.
Por otro lado, la historia transcurre en diferentes días y horarios, amen que se explicita el cambio permanente de indumentaria de los tres personajes.
Lejos de ser un mero desfile de moda, el cambio de prendas, simboliza el paso del tiempo y cómo cambian los vínculos y las relaciones, en sendos casos, obligadas.
Sustraerse a esa línea estética de época, tanto en la ambientación como en el uso de la moda imperante, no permitiría evidenciar que lejos de las 24 hs que caracterizan a una tragedia, esta suerte de melodrama campero, se despliega a lo largo de unas semanas.

Ensayos: su dinámica
Hay un hecho insoslayable en referencia a este proyecto, sus autoras son contemporáneas y están comprometidas con el montaje de la obra. En los ensayos se pudo, entre otros aspectos, observar la necesidad de sumar una nueva escena y pulir algunos diálogos.
Además de conocerlos desde hace muchos años como personas, tanto a Georgina Rey, Mariano Mazzei y Martín Urbaneja, los admiraba como actores, sin reservas. Vi muchos de sus trabajos y siempre me conmovían porque tienen la habilidad de crear personajes y no hacer fotocopias de uno estereotipado que deambula de obra en obra. Sencillamente, me pregunte ¿quiénes me gustaría que hicieran esta obra?, pensé en ellos, los llame, leyeron el material y para mi alegría aceptaron. Y no sólo participar sino asumir el compromiso de optar por un estilo interpretativo que exige enorme convicción interna y al mismo tiempo tiene aristas riesgosas si no lo haces honestamente, como es caso del melodrama.
Hoy me siento un privilegiado, ya en los ensayos me costaba tomar una distancia objetiva de sus trabajos porque me dejaba llevar por el deleite de ver esa capacidad camaleónica en escena. Y eso que cada uno tiene abordajes y miradas sobre como cincelar al personaje, de manera muy distinta entre sí. Sin embargo, se aúnan en la visceralidad, el salto al abismo y una entrega brutal. De verdad, siento que ellos hacen que el arte de actuar se transforme en poesía. Llegan a lugares emotivos y proponen tantos matices que esperaba cada encuentro como si fuera el espectador de un concierto de talentos. O como si vieran animales heridos desangrarse en escena.

Alejandro Ullúa
autor, director teatral y regisseur,
en cartel presenta “El corazón del Incauto”
en Hasta Trilce.

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