Posteado por: saquenunapluma | 01/12/2014

Acerca del proceso sonoro en Iván y los perros, POR Gustavo García Mendy

FOTO MENDY (1)La realización sonora para Iván y los perros comportó bastante tiempo de elaboración, ya que supuso el montaje de diversos planos sonoros.
Música grabada, efectos sonoros, voces de personajes que se expresan en ruso, sonidos de la naturaleza y música en vivo. Todos estos elementos están ya de alguna manera presentes en el texto, y en otros casos, son requerimientos que la autora sugiere en las didascalias.
Originalmente se trata de una obra radiofónica que luego fue adaptada por la propia Hattie Naylor para abordar un formato escénico. Si bien se trata de una obra en donde el elemento sonoro es esencial y muchas veces fundante, esta puesta en particular extremó esos recursos en la búsqueda de un lenguaje ostensiblemente audiovisual.
Por tal razón, hay varios niveles o estratos de escucha, y el dispositivo sonoro involucra cuatro puntos de emisión y atención sonora en la escena.

1- Cajas acústicas orientadas hacia el actor en el fondo de la escena.
2- Cajas acústicas (PA) orientadas hacia público en lo alto de la sala.
3- Piano en vivo.
4- Voz del actor.

La música incidental proviene del piano y de las cajas orientadas a público, en tanto que las voces intervinientes, los sonidos ambientales y los efectos sonoros, provienen de las cajas orientadas hacia el actor. Se trata así de establecer límites espaciales y márgenes auditivos para universos sonoros de distinta especie y procedencia. En tal sentido, hay dos realidades temporales en la obra, la del aquí y ahora, y la de la evocación. Sin embargo, ambas se enlazan entre sí en un espiral indivisible, y son siempre la una con la otra; como un trazado en el cual se ha borrado la marca del lápiz que sirvió de referencia para la construcción, y finalmente deja en manos del espectador la percepción de esos bordes. Aquí, la decisión escénica consistió en dejar que el tiempo fluya sobre sí mismo y sea “ahora”, cada vez.
Sobre el comienzo mismo de la obra y antes de que se despliegue toda la evocación completa del relato, Iván sentencia: ……no me acuerdo de todo porque era muy chiquito, pero se los voy a contar como si fuera ahora. Y esto es ahora.

Una diégesis sonora involucra todo lo relativo a las voces que interpelan a Iván y a los sonidos que esa realidad acerca cada vez. También por este motivo, la operación de todo el dispositivo sonoro mencionado se opera en vivo y a la vista del espectador. La puesta en escena y, fundamentalmente, el diseño escenográfico, admite y propone un espacio específico del cual emana todo cuanto se escucha. Una usina sonora. Una jaula en donde el sonido reside y descansa. No obstante esta ubicación específica, situada a un tiempo dentro y fuera de la escena, el aspecto estrictamente musical es siempre extradiegético, con excepción de la voz de Erina y el momento en el que Iván canta con ella. Se trata de una canción de cuna tradicional rusa, y es el único elemento musical específicamente requerido por la autora. Por tal motivo, en la creación musical se decidió incorporar esa melodía a manera de leitmotiv en algunos momentos de la banda sonora; de manera franca en ocasiones, y muy sutil y enmascarada en otras.
No obstante, sería falso afirmar que el peso temático de la música reposa en esa melodía. O al menos, no ha sido esa la intención.
El criterio de composición musical estuvo todo el tiempo gobernado por la premisa de que la música debía ser emotiva pero no melodramática, esto es, que no necesariamente tenía que sobreabundar en la literalidad del drama. La música para teatro debe tener calidad en la construcción y el diseño, pero si bien puede llamar la atención, no debe robarla. Como he señalado muchas veces, la música para teatro debe de estar bordada a la medida de la acción y del conflicto, y debe, siempre, subordinarse a la dramaturgia. Debe saber ser con ella.
Sobre la base de esta condición, el tema central de Iván y los perros en lo que a la música concierne, es un motivo melódico basado en dos notas sucesivas. Y ese motivo, ese que ha sido sugerido desde el piano a lo largo de toda la obra, y sólo se deja oír completo por los parlantes en el final, asumiendo con un ropaje orquestal un despliegue temático,es el verdadero leitmotiv de la obra.
Por supuesto, todo esto aquí expresado forma parte de las propias intenciones en la intimidad de la construcción y en el valor asignado a cada una de la piezas del entramado al momento de disponer sonido e inscribir música sobre un relato; no es necesario aclarar que, más allá de cualquier propósito o maniobra intencional, lo que finalmente el oído del público elige recortar y decide llevarse de una obra, está hecho de una materia arbitraria y subjetivamente selectiva; y es, como debe ser, ingobernable.

Gustavo García Mendy, músico, teórico y compositor. Y co dirige Iván y los perros junto a Mariano Stolkiner.

funciones: Sábados 21 hs en El extranjero teatro.

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