Posteado por: saquenunapluma | 05/10/2013

Tres hermanos: proceso de creación, por Roberto Ibáñez

tres hermanosCómo y para qué escribir Tres Hermanos…

‘La vida sí que es una perra cochina ¡Cómo cambia a los seres y a las cosas! ¡Cómo los estropea!’… escribía en una de sus obras un gran olvidado, Alberto Rodríguez Muñoz.

Un amigo de la adolescencia a quien no veía desde hacía unos cuarenta años, me contó aspectos de la transformación de su familia, personas a quiénes yo había conocido, habiendo recibido en aquel tiempo la ternura de su afecto y su buen trato.
Su angustiado relato me llevó a escribir Tres Hermanos, tratando de entender, tal vez calmar sus preocupaciones, las mías, y quizás también la de los espectadores.

En mi obra intento desentrañar lo que no fue, lo que podría haber sido… pese al amor, pues no es cierto que siempre sea lo más fuerte. Como suele suceder, luego la historia intoxica mis recuerdos y rumbea en busca de sí misma. Siempre la sigo… con respeto…

Todo lo que vivimos y somos capaces de recordar, ha sucedido en un tiempo social y político concreto. El áspero ruedo familiar ha sido mil veces indagado en la literatura, el teatro, el cine y la mesa del bar. Pero siempre podrá convertirse, una vez más, en una pequeña historia capaz de delatar cuán inadvertidamente podemos ir desfigurándonos.

Me entregué a estos murmullos, desconocidos por la conciencia durante la vigilia, deseando que la historia que surgiera pudiera aspirar a una cierta entidad, en tanto y en cuanto supiera llegar al corazón del espectador. Y al meollo del relato de mi amigo.

Los sueños, los proyectos, las ambiciones, forman parte del motor que nos lleva a otorgarle sentido a la existencia, la que según el tango… ‘es una herida absurda’…
Pero, si en la búsqueda de su realización, enceguecemos y pisoteamos los de los demás, todo empieza a corroerse, a convertirnos en pequeños, o grandes, monstruos codiciosos.

Como no soy un intelectual, ni psicólogo, ni sociólogo, y sólo un hombre de teatro, trataré de explicar mis intenciones al acompañar hacia la escena a estos sucesos.

La puesta en escena…

La puesta en escena está teñida por los deseos ocultos de los personajes, y de los nuestros; rescatar de entre los restos del naufragio esa luz que nos permita seguir soñando, para que el mundo sea algo mejor que esas heridas que gimen desesperadas.

Aunque nos estemos refiriendo a la vida real, es nuestra intención incluir en el mundo escénico, aquellos elementos que suelen presentársenos como relámpagos de intuición, estallidos acallados por el miedo a encontrarnos frente a nosotros mismos. El extrañamiento que la iluminación y el sonido aplica sobre las frágiles figuras humanas, busca producir el corrimiento necesario para revelar la coreografía encubierta de los personajes. La acción se desarrolla en un marco escenográfico arrasado, disecado por la desmemoria, por la confusión de deudas y ambiciones. Un gallinero en el que quizás, los gallos y las gallinas más atentas, sobrevolarán rincones secretos de sus almas.
Manos a la obra:

Las conductas de los personajes, planteadas desde el realismo, se van degradando con acidez entre las alambradas y el aljibe, arcón de los sueños paternos. Apelan a la resaca de viejas rencillas, que han aguardado para ser saldadas una vez extinguidos los padres.
Se embisten entre sí, estrellando sus personalidades asfixiadas por el rumor pueblerino, allí donde ya casi se borronea la infancia.
Destilan las penas que los han reunido para el entierro del padre frente a ese luto que arde durante toda una noche, convocando sensualidades y disfrutando fantasías prohibidas, creando espacios para que la brutalidad de la palabra se instale, resignificando al grupo familiar frente a su evidente desintegración.

La luz obliga a ver aquellos secretos que no quieren ser expuestos. Corta y mutila la penumbra, descubre zonas puntuales donde los personajes, pese a sus pudores, van desnudando sus pecados.
El sonido acompaña a cada contienda abriendo y cerrando el portón del hogar familiar, arañando el cinc del techo de la casa en disputa, entre gallos y perros lejanos, hasta que finalmente, agotado, nos anuncia otro amanecer.

El marco escenográfico está constituido por pequeños destellos de los años felices. Ha sido deteriorado por una caravana de deseos inconclusos, hijos que no nacieron, perros que murieron ahogados en un río de juegos recurrentes. Los árboles, petrificados por los inviernos cada vez más helados y grises, alojan pájaros invisibles que derraman augurios marchitos sobre los restos de la mesa familiar.

El pulso de las acciones se presenta proponiendo y destrozando climas, como si trataran de encontrar entre esos espejos astillados, la imagen familiar que alguna vez soñaron todos juntos. Tres hermanos y tres hembras… todos devorados por sus propias y mínimas historias.

Roberto Ibáñez

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 TRES HERMANOS

Funciones: miércoles, a las 20.30hs.

El Tinglado Teatro: Mario Bravo 948 (CABA)

Reservas: 4863-1188

Entradas: $100 / Dto y jub

Sobre la obra

La familia está regresando a la casa luego de enterrar a Federico, el Padre, quien con su muerte ha logrado volver a reunirlos.

Mauricio es el mayor. Debió postergar negocios y ha llegado con Sabrina, su única y joven hija, quien lo acompaña y contiene ante la ausencia de Marta, su madre, que se encuentra de viaje.

Carlos es el hermano del medio. Está con Dolores, su mujer. Dejaron a sus chicos al cuidado de una vecina y se tomaron un ómnibus para venir a despedirse del padre, encontrándolo ya muerto.

Diego es el menor. Siempre vivió en la casa paterna junto a Katie, su esposa. Ellos han debido hacerse cargo del cuidado de Federico desde la muerte de la madre de los tres hermanos.

La Casa. Podrá entenderse como elemento simbólico de lo irrecuperable, de lo ausente. Lugar del origen, síntesis de lo histórico. De lo que hay que olvidar, conservar, desalojar o dilapidar. Habitada por rastros y restos de los que quizás sería necesario deshacerse. De sueños no cumplidos. Deslealtades y flaquezas que, como casi siempre sucede, no quieren continuar siendo secretos.

Todo bulle en el fondo del aljibe que Federico construyera cuando fundaba su familia. Aspiraciones que quizás podrían ser redimidas por la próxima generación si estuviera preparada para el rescate de la historia familiar y se abocara a la lectura de los señuelos que ha dejado ese abuelo para todos casi desconocido.

 

 

Ficha artístico técnica

Autor: Roberto Ibáñez

Intérpretes: Carlos La Rosa; Sofía Gil; Juan Carlos Ricci; Nonnel Nhoj; Andrea Vázquez y Eduardo Lamoglia

Escenografía: Víctor De Pilla

Vestuario: Alicia Gumá

Asistente escenográfico: Matías Ledesma

Fotos y gráfica: Pedro Flores Maldonado

Sonidos: Xristian Grilli

Diseño de Luces: Roberto Ibáñez

Asistente de dirección: Claudia Rodríguez Eguiguren

Operador de luces: Sebastián Crasso

Prensa: Simkin&Franco

Productor ejecutivo: Leandro Ricci

Dirección General y puesta en escena: Roberto Ibáñez

 

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