Posteado por: saquenunapluma | 04/20/2013

Julio Ordano sobre el proceso de trabajo de Luces de Bohemia, de Ramón del Valle Inclán

LUCES DE BOHEMIA VALLE INCLANLuces de Bohemia, como esperpento que es, refleja una sociedad en crisis, que permite y alienta la supervivencia de los más aptos -y los más aptos suelen ser los más inescrupulosos -. Una sociedad que propicia el ascenso social y económico mediante la aventura, la trampa y la estafa. Una sociedad que admite en su seno a todos, y que a todos les encuentra un lugar. Pero si bien ubica a sus criaturas, las desdibuja, las deforma, las desvaloriza. Las tradiciones ya no existen, desplazadas por las nuevas costumbres igualadoras. Los personajes están rebajados en su condición, animalizados o cosificados.
Se critica en ella la tortura, la incompetencia del poder, la alienación del pueblo, el castigo al talento y a la cultura, al libre pensamiento y se retrata la opresión del poder y de los medios de comunicación.
Estilísticamente, a partir de los conocidos espejos deformantes del Callejón del Gato, nos ofrece el grotesco Vía Crucis de su protagonista: Max Estrella o “Mala Estrella”, que recorre no las 14 sino 13 estancias/estaciones en su camino hacia la muerte.
Sus personajes son casi fantoches, marionetas, funestos títeres desvencijados.  Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

Era un adolescente recién salido del colegio secundario haciendo el primer año de la Facultad de Filosofía y Letras, cuando en la materia Literatura un profesor que nos recomendaba que viéramos teatro más que ir a sus clases académicas, produjo mi primer encuentro con don Ramón del Valle Inclán.
Fue con el poema La Pipa de Kif. Y fue allí donde nos ayudó a encontrar los primeros vestigios de la famosa cuestión de los esperpentos.
Por supuesto que después leímos, no se si obligados o no, Luces de bohemia, Divinas palabras, La rosa de papel, La hija del capitán, etc.

Significó la revelación de un mundo maravilloso, extraño, poético y plagado de imágenes inconmensurables y sorpresivas, muy lejanas a un teatro costumbrista.

Unos cuantos años más tarde, en el Teatro General San Martín, tuve la fortuna de debutar como actor en un espectáculo paradigmático, Romance de Lobos, con Alfredo Alcón y dirigido por Agustín Alezzo.

Desde aquél momento empezó mi profunda atracción por Valle Inclán.
Luego empecé a dirigir. Desde Juegos a la hora de la siesta hasta Padre nuestro con Gerardo Romano, fueron alrededor de cincuenta obras.
Creí que a esta altura estaba en condiciones de afrontar un autor de gran envergadura y elegí a don Ramón del Valle Inclán.
Pero tuvieron que transcurrir dos o tres años para poder encararla.
Primero (la pieza tiene una enorme cantidad de personajes y alude a múltiples sucesos de orden histórico y político) resolví hacer una adaptación que, sin traicionar lo esencial, la pusiera más al alcance de los actores y en especial de nuestro publico.
Son los mismos acontecimientos, los mismos personajes fundamentales, pero sin aquellos hechos o alusiones, para nosotros insignificantes, que daban un peso muy difícil de sostener dramáticamente.

Luego vinieron los ensayos. Como la íbamos a hacer por nuestra cuenta, sin producción, en un teatro que no era ni comercial ni oficial y todo iba a estar sobre nuestros hombros, recurrí al sistema de doblajes. De ese modo, con actores que hicieran más de un personaje, pude formar un elenco de siete actores.
La idea era que esos actores no salieran nunca de escena y fueran construyendo, prácticamente a la vista, cada uno de los personajes que les habían tocado y las respectivas situaciones. Si un mismo actor tiene que hacer cuatro papeles, por ejemplo, lo atractivo es encontrar conductas, ritmos, voces que los hagan diferentes a unos de otros.
Otro problema por el que pasan en general los elencos numerosos e independientes es la dificultad para combinar ensayos debido a las diferentes actividades de cada integrante. Logramos tres ensayos semanales y los extendimos a lo largo de casi cuatro meses.
Fue una experiencia muy atractiva, no solamente por los vericuetos por los que tuvimos que internarnos, sino por la fraternidad que se creó en un grupo que, en algunos casos, hace años que venimos trabajando y en otros estábamos esperando el momento de poder hacerlo.
Julio Ordano director de Luces de Bohemia

LUCES DE BOHEMIA
Ficha artístico técnica

Elenco:

Néstor Navarría (Max)
Héctor Fernández Rubio (Dan Latino)
Nilda Raggi (Mme. Collet)
Josefina Vitón (Claudinita)
Pablo Shinji (Catalán)
Hernán Vázquez (Don Filiberto)
Marcelo Sánchez (Ministro)

Prensa: Simkin&Franco

Música Original: Sergio Vainikoff

Vestuario y Ambientación: Marta Albertinazzi

Asistente de Dirección: Jimena Martín

Adaptación y Dirección: Julio Ordano

DOMINGOS 19 HRS
ACTOR’S STUDIO

Díaz Vélez 3842

Informes y reservas: 4983-9883

 

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