Posteado por: saquenunapluma | 05/07/2012

Piedras dentro de la piedra, de Mariana Mazover / Versión libre de Los Pichiciegos, de Fogwill

 Nota sobre el proceso de creación dramatúrgica de Piedras dentro de la piedra

Del trabajo sobre la novela Los Pichiciegos, de Fogwill a la creación de la obra teatral


“Hay momentos en que la Historia, sus grandes causas, sus héroes,
pueden parecer irrisorios y cómicos (…) Desde todos los puntos de vista, político, jurídico, moral,
el desertor se vuelve poco grato, condenable, emparentado con los cobardes y los traidores.

La mirada del novelista lo ve de otro modo: el desertor es aquel que se niega a conceder un sentido a las luchas de sus contemporáneos. Que se niega a encontrar grandeza trágica en las masacres. Aquel a quien le repugna participar como bufón en la Comedia de la Historia

MILAN KUNDERA. EL TELON

 .

Por qué elegimos como disparador Los Pichiciegos

El origen de Piedras dentro de la Piedra fue un proceso de creación colectiva con el que comenzamos a indagar grupalmente en torno a la guerra de Malvinas.  Como punto de partida para la investigación elegimos la Novela “Los Pichiciegos” del escritor argentino Rodolfo Fogwill, no con el objetivo de producir una adaptación teatral, sino con el fin de valernos de esa primera aproximación a la Guerra de Malvinas para construir un Universo Ficcional propio. El resultado es un texto que funciona de manera autónoma a la novela que dio origen al proceso.

Dentro de todas las situaciones posibles que ofrece una Guerra elegimos tomar como punto de partida la condición de desertores  en tanto ésta nos permite abordaren toda su dimensión el horror al que fueron enviados los conscriptos a Malvinas, ya que pone en primer plano ese horror como causa fundante del hecho de la deserción.

Asimismo, la condición de Soldado Desertor supone una profundización extrema de las emociones, contradicciones y miedos que constituyen la vida en el campo de batalla. Puestos esos personajes en la situación límite de tener que sobrevivir en una Cueva bajo tierra, los parámetros éticos que sostienen la Moral de un Ejército en tiempos de guerra quedan absolutamente trastocados en la comunidad de desertores, engendrando así, una sucesión de escenas y conflictos dramáticos en lo que lo desolador y lo absurdo de la guerra se hace presente en toda su magnitud y replica el horror de la vida de los hombres durante la guerra.

Por último, la concentración de la acción dentro del espacio de la cueva que alberga a los desertores nos permitía trabajar tres aspectos cruciales para la creación dramatúrgica:

  Potencia dramática para engendrar la escena en las peripecias de los personajes en su lucha por la supervivencia dentro de una cueva de la que no pueden salir y en esa particular forma habitar el tiempo en la eterna espera por el fin de la guerra, cuando el riesgo de morir de inanición o ser capturado es lo que acecha.

  Potencia alusiva para evocar teatralmente a través de los relatos de sus protagonistas las vivencias del campo de batalla, y así poder construir La Guerra como Extraescena;

–  Potencia discursiva para develar, a través de la voz y las vivencias de los personajes, la irracionalidad del Gobierno Militar que condujo al país a la guerra, y el horror al que todos los jóvenes de este país han sido sometidos entre 1976 y 1982 con la puesta en marcha de la Maquinaria de Matar articulada sobre los resortes del Estado.

En la situación de deserción y ante el riesgo de ser descubierto y capturado – conflicto central que atraviesa a la obra – el enemigo no es sólo el ejército contrario; también lo es el Ejército propio.  Ninguna otra situación nos proveía tanta potencia metafórica para develar, sin decirlo, que en la Guerra de Malvinas, nuestros conscriptos se enfrentaron no sólo al horror de combatir al enemigo en inferioridad de condiciones tácticas, armamentísticas y estratégicas, sino, justamente por ello, también fueron víctimas de las propias jerarquías militares que estaban llamadas a proteger sus vidas.

 

Nota sobre el proceso Creativo

 

La noticia me impactó. “Adiós al Punk”; “Falleció el último maldito de la literatura argentina”: Se había muerto Fogwill.
Desde hacía un tiempo – años, muchos años – me venía rondando en la cabeza la idea de trabajar sobre Los Pichiciegos y la noticia de la muerte de Fogwill me confrontó con la urgencia de hacerlo. Cuando las imágenes que nos persiguen se convierten en una obsesión: allí nace una obra. Y eso fue lo que me ocurrió. Las imágenes vagas, imprecisas, difusas que me rondaban desde la primera vez que leí Los Pichis – en 2001 – empezaron a acecharme sistemáticamente, seguramente incitadas por las necrológicas que se publicaban aquí y allá y una vaga memoria de mi infancia: un primo de 18 años – Sergio Mazover – que fue a la Guerra y lo devolvieron arrasado.

 

El trabajo dramatúrgico sobre fuentes literarias: preparando el trabajo para los ensayos de investigación.

Después de haber convocado al elenco, tuve que inventarme mi propio mecanismo de trabajo para encarar el trabajo de creación colectiva, pues nunca había dirigido un proceso de tales características. Nuestro objetivo era llegar a construir un Mundo Ficcional propio, nuestros propios personajes, nuestros propios conflictos dramáticos y nuestro propio universo poético tomando como disparador a Los Pichiciegos. Apropiación y separación. Me sumergí en un intenso trabajo de investigación – lecturas y relecturas – para precisar con qué, de todo el arsenal de imágenes y situaciones que plantea el texto de Fogwill iba a poner al trabajo en los ensayos y me formulé nuevamente la Gran Pregunta: cómo apropiarse de la obra literaria de otro autor para construir un universo poético propio.

Y la respuesta fue la de siempre: Para apropiarse de cualquier universo – cualquier imagen generadora con la que trabajemos dramatúrgicamente – la clave siempre es descubrir qué es aquello que resuena en uno: lo que nos irrita, lo que nos ofende, lo que no entendemos, lo que nos conmueve, las respuestas frente al mundo que buscamos cada vez que escribimos para no encontrarlas, pero para al menos quizás, exorcizarlas.

Trabajé sobre el texto de Fogwill aislando – casi caprichosamente – fragmentos que resonaban en mí: imágenes del campo de batalla, núcleos temáticos, pequeñas situaciones y diálogos, frases sueltas. Las fui transcribiendo a un cuaderno, separadas de su contexto, y a cada fragmento lo fui interviniendo con fragmentos de otras obras literarias: Beckett, Soriano, Walsh.

Paralelamente, trabajé aislando fragmentos del libro Partes de Guerra, una bellísima obra que conjuga periodismo y literatura y que narra, a través de la articulación de testimonios de Combatientes de Malvinas todo el derrotero de la Guerra, desde el desembarco hasta la rendición y el regreso. Material que compartí con todos los actores.


Con todo ese arsenal de estímulos comenzamos a ensayar. El objetivo de los ensayos era construir el universo del la obra: mundo poético y personajes; y no construir conflicto y trama narrativa.  Separé el trabajo dramatúrgico en dos instancias: la investigación del imaginario en torno a la Guerra, la indagación de Universo, La Construcción de Imágenes y la Creación de personajes lo trabajamos en conjunto en los ensayos, en el intercambio con los actores. Paralelamente fui construyendo  la línea dramática y la articulación de los conflictos -la trama- a modo de esquema dinámico; que fue el trabajo de organización y articulación del material surgido del proceso de ensayos.
Y luego, escribí el texto de la obra, con la supervisión, amorosa y precisa de mi maestro Ricardo Monti.

 
Sobre la escritura dramática de Piedras dentro de la Piedra: las fuerzas en tensión en la construcción de la escena y la extraescena.


“En la guerra todo es imprevisible, único. Las cosas salen para acá, o salen para allá. 

O sale un delirio inconsciente que los historiadores llaman valor
o sale una parálisis compulsiva que los consejos de guerra  llaman cobardía.
En la guerra las reacciones son inesperadas, repentinas.
La Guerra no se puede contar”

Testimonio recogido en Partes de Guerra. Malvinas 1982.
de Graciela Speranza y Fernando Cittadini

 

La Construcción de la intraEscena: el estado permanente de Guerra.

El conflicto central que estructura el presente escénico es la tensión entre sobrevivir encubierto bajo tierra y la posibilidad latente y cada vez más cercana de ser descubiertos por el ejército Inglés o el ejército Argentino   y ser fusilados por traición o tomados prisioneros.

La descarnada lucha por la supervivencia desata pequeños conflictos al interior de cada escena que revelan cómo la condición humana va trastocándose, miserabilizándose, en esa descarnada guerra que es intentar sobrevivir al hambre y al miedo. Allí, es la idea de comunidad la que va desangrándose bajo el reino del sálvese quien pueda.  Y es el absurdo el que reina. Desterrados de la escena bélica, expulsados del campo de batalla por las operaciones del Ejército Argentino que los tenía “de acá para allá como bola sin manija”; ellos insisten en seguir en estado de Guerra; pero no saben cómo hacer la guerra. Viven inmersos, así, en una parodia de la guerra.

La construcción de la extrEescena: Las tensiones en torno a Lo Maquinal y lo artesanal

En la escritura retorna siempre las preocupaciones esenciales de su autor. Siempre me inquietó la tensión entre Lo Maquinal y lo Humano. Los conflictos que emergen a partir de la subsunción del Hombre a la Máquina. Y la guerra es una máquina de matar.

La construcción de la extraescena – el territorio aludido del campo de batalla y la configuración por alusión del enemigo Inglés – estaba signada por imágenes que reconstruían esa imagen maquinal, inhumana e impersonal de las máquinas de la Guerra.

En la escena esas imágenes maquinales son tensadas con aquellos pequeños objetos, absurdos por inservibles,  que los personajes construyen para sostener su defensa ante la posibilidad de ser descubiertos. Una ingeniería artesanal, inservible y absurda,  que les permite sostener la creencia de que aún pueden combatir al enemigo. Una resistencia. Un modo de aferrarse a la vida; de no ceder a la muerte que es el destino inevitable, de toda guerra.

 

Contradicción Interna de los personajes. Las tensiones en torno al lenguaje.

¡Hundimos un barco! Dice Fogwill que dijo su madre un día de abril de 1982  “Hoy mamá hundió un barco”, dice Fogwill que tipió en su máquina de escribir, y que luego vorazmente escribió Los Pichiciegos.

El movimiento fundacional de Pichiciegos es, entonces, el desmontaje de esa estrategia fascista del lenguaje que nos instala a todos y cada uno de nosotros en un Colectivo de Identificación (La patria) y en una Escena Nacional devenida en Causa; en cuyo nombre los soldados fueron llamados a consagrar su vida. Y en ese marco, se juega el Honor, retórica convocante de la Gesta Patriótica de cada Guerra.

En nombre de `Nuestra Patria`, los cuerpos de los conscriptos – nuestra Clase 62 y 63 – con 18 años fueron jugados como peones y obreros de una Patria descuajeringa y filicida, engranajes de desecho de la maquinaria de matar que es la Guerra.  Esa es la tensión esencial que habita la contradicción interna de cada uno de los Seis personajes. Aún habiendo desertado, la relación con el honor no los abandona, y cada uno resolverá, en el desenlace de la obra, su propia relación con el Honor.

Allí fueron, a defender una Patria apresados en las inexorables de las trampas del lenguaje que los nombraba como sus futuros héroes pero en la que fueron de hecho cuerpos de desecho y por lo tanto, curiosamente extranjeros.

La intervención del Registro Historiográfico con las licencias de la Ficción: la incorporación de personajes femeninos y de un Civil en la Guerra de Malvinas.

Fogwill se anticipó: en 1982 produjo su verdad sobre la Guerra, a contrapelo de los discursos hegemónicos que, como él decía, inoculaban veneno en la Sociedad, bajo la retórica del “vamos ganando”. Ese movimiento es irrecuperable. Pasaron 30 años de la Guerra. Todo ha sido revelado en términos historiográficos y documentales. Ficciones narrativas, teatrales y cinematográficas han abordado, desde infinidad de poéticas y puntos de vista La Guerra de Malvinas.  ¿Cómo intervenir, hoy, ese universo desde la ficción? Me pregunté. Y sobre esa pregunta se articularon nuevas preguntas. ¿Cuál es la relación entre el amor y la guerra? ¿Cómo cifrar en una metáfora dentro del campo de batalla la complicidad civil que condujo al País celebratoriamente a la Guerra?


La Guerra y el amor que pulsa entre Olga y Oscar

Los heridos no se guardan”, axioma Pichiciego. No hay cómo curarlos. Herido es como muerto. Y el muerto contamina y pone en riesgo la vida de los sobrevivientes dentro de la cueva. Olga Ana llega herida al refugio. Y su llegada pone en tensión las reglas de la supervivencia. En la oscuridad de ese mundo subterráneo, en medio de disolución del amor como modo de vínculo esencialmente humano, se produce el encuentro entre Olga y Oscar. Encuentro como promesa posible de la restitución de los lazos de amor después de la Guerra. Amor, luminoso, ingenuo, tonto e infantil, de dos adolescentes perdidos en la oscuridad de la Guerra.

Promesa tensionada en el destino de muerte que prefigura toda guerra. Y resolución incierta.

Marcelino Jesús de los Camiones:  Fascismo, filicidio y el problema de la museificación de la Memoria

El personaje de Marcelino Jesús no es Milicia. Propietario de un frigorífico Familiar, se llevó sus propios camiones transportadores de Ganado para prestarlos para el traslado de soldados, y así ganar la Guerra. Un patriota. Antes de salir para Malvinas, se aseguró de que sus camiones fueran tomados al Regreso como piezas de Museo como los únicos camiones civiles que participaron de la Gesta. Y en nombre de ello, arriesgará y consagrará su vida. Al ser descubierto, elije entregarse al Ejército Argentino y ser fusilado, pero quiere asegurarse que los hierros retorcidos de sus camiones lleguen al Museo.

Se cifra allí, entonces esa ceguera civil cómplice de la Dictadura y la Guerra. Y grita mi ahogado grito para que nuestra historia no se convierta en pieza de museo que se visita, cosificada, con cada llamado del calendario, sino reflexión permanente sobre de qué está hecho nuestro presente histórico.  Como decía Michel De Certeau: “Tomar la palabra es como Tomar la Bastilla”. Y escribir, y hacer teatro, es el acto inenarrable de tomar la palabra. Ampliar el campo de lo decible. Expandir el campo de lo representable.

Y elegimos, todos los que hacemos Piedras dentro de la Piedra, tomar la palabra, valernos de ella, para no olvidar que nuestro presente está hecho de ausencias y voces ahogadas en el fondo del río, congeladas en el fondo del mar, pero que no podrán silenciarse jamás mientras otras gargantas las hagan renacer, gritar, aullar.

Nuestros pichis son otros pichis posibles: seis soldaditos perdidos en el fondo de la Tierra, que vinieron de Cuyo, Corrientes, Chubut, Santiago, Suipacha y Carlos Berg al fin del mundo a defender una Patria descuajeringada y filicida. Cuerpos-objeto de una planificación táctica y estratégica pasada de copas, pertrechados con fusiles sulfatados y miras infrarrojas hechas de papel celofán que se hartaron de andar boyando por la nieve como bola sin manija y se atrincheraron en el mismísimo centro de la Tierra.

 

El silbido de las balas, afuera. Adentro: las reglas básicas de la supervivencia: respetar la propiedad del otro. Los víveres, las repartijas, los hurtos a escondidas, el desabastecimiento, la imposibilidad de nombrar al miedo.

Nuestros Pichis son otros pichis posibles. Son 6 personajes, sumergidos entre piedras, arcilla y roca, esperando el fin de la guerra y preguntándose si Dios los podrá ver. Si aunque estén tan allí abajo, los podrá ver.

Los 6 esperando y sabiendo que si la guerra no termina pronto cuando llegue la primavera saldrá el sol, el sol derretirá  la nieve que rodea la cueva, el escondite se derrumbará, un alud acabará con sus vidas, y entonces, sus cuerpos muertos terminarán convertidos en rocas perdidas y olvidadas en las entrañas de nuestra Tierra. Posibles fósiles de un mundo futuro. Piedras dentro de la piedra.

Haber escrito esta historia e insistir en hacer teatro es para mí en definitiva una forma de trinchera.

Trinchera donde te encuentro y te celebro, querido Fogwill.

Mariana Mazover

Abril 2012
……………………………………………………………………………….

 

Piedras dentro de la Piedra
Versión libre sobre fragmentos de los Pichiciegos de Fogwill  

Dramaturgia y dirección: Mariana Mazover
Actúan: Alejandra Carpineti, Mariano Falcón, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz , Alejandro Lifschitz y Sebastián Romero
Asistente de dirección y producción: Natalia Slovediansky
Diseño de escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde
Diseño de Iluminación: Alfonsina Stivelman
Diseño de Maquillaje: Ana Pepe
Fotografía: Claudio Da Passano y Malena Figó
Producción Audiovisual: Pablo Bellochio
Música Original: Mariano Pirato
Diseño Gráfico: Dalmiro.com

Funciones:
Viernes 23 hrs
Teatro La Carpintería
Jean Jaures 858 // Abasto
Entrada: $45.00 / Estudiantes y jubilados $30.00
Reservas: www.alternativateatral.com / http://www.lacarpinteriateatro.com.ar

 

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