Posteado por: saquenunapluma | 05/07/2012

Dirección teatral: el proceso de Adaptación de Los Derechos de la Salud, de Florencio Sánchez / Por Mariana Díaz

“LOS DERECHOS DE LA SALUD, UNA VERSIÓN MANIPULADA” DE Florencio Sánchez.
Versión y Dirección: Mariana Díaz.

 

Llegué a la obra de Sánchez, impulsada por la necesidad de trabajar en mi idioma. Luego de estrenar una excelente, aunque traducción al fin,de la obra del suizoLukasBärfuss“Las neurosis sexuales de nuestros padres” por Claudia Baricco,queríaestablecer transferencia directa con el autor. Sacar del medio la poética del traductor, y (aunque fuera ilusamente) comprender hasta el caracú la elección de éste o aquél sustantivo. Queríapoder percibir la sutileza del tono con sus pliegues y repliegues y bucear cómodamente en la estructura de cada parlamento…Me metí en un flor de embrollo con la elección de ésta obra, porque precisamente“Los derechos de la salud”de las 20 obras dramáticas de Sánchez, esuna de las más literarias. Es una pieza que ya en 1907,  fecha de su estreno, recibió como crítica la “afectación en el lenguaje”, con lo cual para nosotros, porteños modelo 2012, la distancia con sus “rulos lexicales” es extrema.

Pero a medida que leía y releía la obra completa de Sánchez volvía a ésta con la impresióncada vez más fuerte de que era mi próximo puerto. Creo que me enamoréde su artificio, del calor que irradia cada parlamento y de sus oraciones de hasta…¡52 palabras!

Convencida de que la construcción del estilo depende del lenguaje,resolví respetar al máximo el texto original, y las mínimas modificaciones tendieron únicamente a “acortar caminos”. La textura de este lenguaje de sorprendente belleza poética se transformó en un complejo desafío y a la vez en la herramienta de oro.

 

La particularidad del texto exigió a los actores cuerposvínculos y modos de razonar que fueron construyendo el estiloy permitiéndole a la trama revelarse en todo su esplendor.

Siendo Sánchez un autor de infinitas capas, resultó un trabajo verdaderamente intenso. A lo largo del proceso fueron ingresando múltiples sentidos, que hicieron que la puesta emergiera lenta pero rotundamente. A partir de un momento me resultó claro de qué se trataba el ámbito donde transcurría aquello y el espacio se terminó de revelar junto a la dinámica que finalmente implementamos.

Como decía Gené, una puesta en escena no es ni más ni menos que un punto de vista.

Al respecto sumé unos personajes, unas enfermeras, que actúan en la estructura de la representación como una suerte de servidoras de escena que manipulan indirectamente la acción y empujana conciencia el desarrollo de la trama.

La escritura de esta versión manipulada se terminó de completar con la inclusión de un texto de 1911 que comparte además de época -textura y sonoridad- con la obra. Se trata de un Manual de Modelos de Discursos para todas las Ocasiones de la Vida, del que utilicé fragmentos delos discursos propuestos “Para la inauguración de un hospital” y “Para la inauguración de una cárcel”. Ambos enlazados con el de Sánchez funcionaron como potenciadores de algunos de los sentidos que percibí como vectores fundantes de esta versión.

Considero el logro más grande de este trabajo, haber podido preservar esta intención literaria del lenguaje, que por algún motivo Sánchez le otorgó, dotando así a la pieza, de su excesiva y fantástica personalidad.

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Los derechos de la salud de Florencio Sánchez
Sinopsis

Año 1907. Luisa está infectada de tuberculosis.

Su marido, hermana, amigos y criada, en complicidad con su médico personal, llevan adelante un pacto de silencio que intenta mantener a Luisa alejada de la realidad de su diagnóstico.

De a poco irán separándola de todas las funciones de su vida.

Luisa frente al despojo, exigirá con furia la verdad y peleará por recuperar el gobierno de su existencia.

La gran intimidad a la que las circunstancias de su enfermedad someterán a su marido y su hermana, encenderá entre ellos una pasión indisimulable.

Finalmente, su progresiva enfermedad, agravada por el dolor del descubrimiento, podrá más, y ya nada les devolverá la armonía. Ni a ella ni a su entorno. Ni siquiera, el desenlace inevitable.

Ficha Técnica

Elenco: Silvina Katz (Luisa), Eduardo Pavelic (Roberto/Enfermera), Julieta Bottino (Renata/Enfermera), Celeste Monteavaro (Mijita/ Enfermera), Julia Augé (Albertina/Enfermera), Tian Brass (Dr. Ramos/ Director del Hospital/ Enfermera)

Escenografía: Fernando Agustín Díaz
Vestuario: Anastasia Meier
Luces: Marcelo Cuervo
Musicalización: Tian Brass
Diseño, video y web: Cachi Bratoz
Asistente de Dirección: Diego Salinas Slemenson
Prensa: Simkin & Franco
Versión y Dirección: Mariana Díaz

Consideraciones Acerca Del Material

“Los derechos de la salud” es una de las últimas obras del genial dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, (Montevideo 1875 – Milán 1910). Sánchez escribió y estrenó sus obras en Montevideo y en Buenos Aires, y hoy, es considerado uno de los mejores dramaturgos a nivel mundial.

Esta obra fue estrenada en Buenos Aires en diciembre de 1907, con un gran éxito de prensa y público.

Hoy, retomamos el texto con la convicción de que Sánchez nos sigue interpelando desde su obra con la misma potencia que 104 años atrás.

La trama de la obra nos invita a interrogarnos sobre varios aspectos de una temática de compleja resolución: ¿Cuáles son los derechos de una persona que se enferma gravemente? ¿Cuáles son los derechos de las personas que rodean y conviven con alguien que recibe un diagnóstico terminal?

Y finalmente nos sugiere la pregunta: ¿Qué es estar sano?

La definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que la salud es “el completo estado de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de enfermedades”. Partiendo de esta definición es posible que no encontremos una sola persona “sana” en nuestra cultura. La OMS mira la salud como algo estático, y la ubica como algo imposible de alcanzar…

El mercado capitalista de los medicamentos y la industria farmacéutica vive de la enfermedad y no de la salud. Vive del terror a la enfermedad: ya que la salud es inalcanzable, que la enfermedad no sea tan grave. Vive del miedo a salirse de la norma y de la normatividad. Mientras tanto el capitalismo se llena los bolsillos y utiliza la ciencia para construir nuevos aparatos y teorías para descubrir más enfermedades y daños, y remedios para tratar esas desviaciones que él mismo diagnostica. El círculo vicioso enriquecedor del capital, y envilecedor del ser humano se cierra, nos encierra y se vuelve aparentemente imprescindible.

Sucede en la obra, pero es comprobable aún hoy en día, que frente a un diagnóstico, cualquiera sea, el entorno (médico y familiar) tiende a discapacitar rápidamente al sujeto, desacreditando sus opiniones y minimizando su capacidad de mantenerse atado a la realidad. Es difícil, bajo la mirada de la medicina actual que despersonaliza, secciona y transforma a los sujetos en bolsas de órganos y funciones sistémicas, ubicar a la persona (única e irrepetible) que porta el diagnóstico. Lo que sobreviene generalmente no es solamente el deterioro o la dificultad que la propia enfermedad produce, sino el grave perjuicio del lugar que esa persona ocupa en el mundo. A su vez, su entorno más inmediato es afectado directamente por el diagnóstico y sus circunstancias, obligando a los que rodean al enfermo a reubicarse constantemente entre los requerimientos del afectado y sus propias necesidades y deseos. Las expectativas del enfermo versus las expectativas y proyectos de los que lo acompañan. Difícil situación, tan vigente e igualmente compleja como en 1907…

Cuenta Mariana Díaz sobre la visión artística

Como recurso para orientar la búsqueda del estilo -convencida de que la construcción del estilo depende del lenguaje– trabajé con el texto original, realizando mínimas modificaciones, tendientes únicamente a “acortar caminos”, consciente de la práctica del espectador actual para decodificar situaciones con menos elementos que antaño. La textura de este lenguaje (de una belleza poética sorprendente aunque para nosotros hoy, algo literario) se transformó en un complejo desafío y a la vez en la herramienta de oro.

La particularidad de este texto exigió a los actores cuerpos, vínculos y modos de razonar que fueron construyendo el estilo y permitiendo la aparición del melodrama.

La espacialidad que se reveló como necesaria para esta puesta en escena, es un ámbito en permanente reacomodamiento. Como en un hogar donde se halla un enfermo, y el mobiliario y la disposición se reorganizan en función de la necesidad del paciente, los objetos escenográficos (muebles propios de una casa y algunos elementos hospitalarios como biombos, carros, camillas, etc.) ingresarán a escena para ser utilizados y reacomodados en función del devenir de la trama. Se instaurará así un espacio en constante cambio, una casa devenida en sanatorio, siempre a mitad de camino, sin lograr ser ni hogar ni hospital.

Este espacio de intersección constante (entre lo público y lo privado, la asepsia y la impureza, lo específico y lo incierto) trajo a colación un material que terminó siendo utilizado para construir la dramaturgia final del espectáculo. Se trata de un Modelo de discurso para la inauguración de un hospital, un texto de 1911, que comparte con la obra- además de la época-, textura y sonoridad; y funciona enlazado con el de Sánchez como potenciador de los sentidos más actuales que el texto arroja.

Para poner a funcionar este espacio en movimiento, sumamos unos personajes que no existen en la obra, unos seres -especies de enfermeras- representantes de la institución médico hospitalaria, impersonales e idénticas, que servirán como auxiliares de escena y serán las encargadas del constante ingreso, egreso y reacomodamiento de la utilería y los objetos escenográficos y del armado de cada espacio. Estos seres serán representantes del discurso médico ortodoxo alopático patriarcal y machista instaurado desde tiempos inmemoriales en el modelo médico, y por ello no compartirán necesariamente época con los personajes de la obra, fortaleciendo la idea de que son permanentes en la historia, e interactuarán con los personajes de la misma manera que lo hace la medicina actual, utilitaria y fragmentadamente.

El vestuario de los personajes del melodrama sin ser de época tendrá reminiscencias del comienzo del siglo pasado, y el de las enfermeras será completamente ecléctico, tendrá como impronta el uniforme de enfermera de hospital público del 1900 pero trabajado con materiales y algunos detalles de actualidad.

La música será generada desde el escenario con un fonógrafo accionado por las enfermeras y funcionará cinematográficamente ya que servirá para subrayar los puntos de máxima tensión dramática y para generar climas. En ningún momento será protagonista de la acción.

En suma: Esta puesta en escena busca (a través de todo lo mencionado) exponer al máximo el mecanismo teatral durante toda la representación y esperamos que este artilugio nos permita reflexionar en acción, acerca del tema que más nos interesa y convoca… el teatro.

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