Posteado por: saquenunapluma | 05/13/2011

Entrevista a Romina Paula, Dramaturga y directora teatral :: El tiempo todo entero y Agosto “Mucho de lo que escribo tiene que ver con la experiencia”

Escribe, dirige y actúa y aunque no entiende bien por qué ser una creadora joven es, para la mayoría de los periodistas, una virtud en sí misma, Romina Paula (1979, Buenos Aires) cosecha elogios por cada trabajo que emprende y eso la alegra. Veamos: críticas favorables para Algo de ruido hace, su segunda obra como directora, periodistas de cine embobados con sus actuaciones en El hombre robado y Todos mienten –los films de Matías Piñeiro que protagonizó– y cumplidos para Agosto, la novela recientemente publicada por Entropía que le sigue a ¿Vos me querés a mí? Y, a pesar de esa aura de nueva-gran-cosa del universo artístico que la rodea desde hace un tiempo –o quizá por eso–, ella habla sobre su trabajo con una naturalidad difícil de encontrar en otros artistas consagrados de su generación. Ahí donde suele haber respuestas que sobreabundan en las intenciones del autor, en lo que se quiso contar y cómo, ella ofrece anécdotas que llevaron a sus proyectos a ser como fueron. Y se siente a gusto, Romina, restándole importancia a la figura de la inspiración como variable de un trabajo creativo. O reconociendo que, si la mayoría de sus personajes son jóvenes, es porque cuenta historias que están cerca de ella, que trabaja con lo que tiene a mano.


EL TIEMPO TODO ENTERO

“Mucho de lo que escribo tiene que ver con la experiencia: no todas las cosas que cuento me pasaron a mí, quizá hay cosas que escuché o me contaron, pero todas de alguna manera me atravesaron. Quiero desmitificar eso de ‘la inspiración’ y entender que a veces las circunstancias son más concretas. Escribí mis obras para los chicos, pensando en ellos” dice Romina Paula.

“Los chicos” son Pilar Gamboa, Esteban Bigliardi y Esteban Lamothe, integrantes, junto con ella, de la compañía de teatro El Silencio. El grupo es responsable de Algo de ruido hace y de la inquietante El tiempo todo entero, que estrenó esta semana en el Espacio Callejón, con la incorporación, esta vez, de Susana Pampín. “Nos faltaba una madre”, dice Romina, en referencia a los personajes de la obra, versión libre del dramón familiar de Tennessee Williams, El zoo de cristal.

–¿Por qué una versión de El zoo…?

–Me gusta mucho Tennessee Williams, particularmente El zoo. Durante el ingreso a la carrera de dramaturgia, en la EMAD, ésa fue una de las obras que tuve que leer y, cuando pensamos en trabajar con los chicos, me apareció. Y me pregunté por qué no se hace más Tennessee Williams y la respuesta es que los derechos son muy caros. Entonces pensé: ‘Bueno, no podemos hacer El zoo de cristal, pero podemos partir de ahí’. Y surgió esta obra, como una especie de calco sobre El zoo…, que lo trabaja de fondo sin textos del autor. No es El zoo… y sin embargo es.

–Daniel Veronese versionó obras clave de Chéjov y de Ibsen que también se apartan de las originales pero conservan la esencia. ¿Funcionó como modelo para vos?

–Su trabajo siempre es referente, pero en este caso los métodos fueron distintos, porque si bien él también rehizo la dramaturgia –incluso fusionó algunos personajes y eliminó otros– sí utilizó textos de las obras originales, que son más antiguas y están liberadas de derechos.

Como en el clásico de Williams, en El tiempo todo entero, que se puede ver los miércoles a las 21 en el Espacio Callejón  una madre tiene como único objetivo casar a su hija, quien desarrolla una aversión social cada vez mayor, y el hijo se quiere escapar de una casa que lo asfixia: las cosas parecen estar por estallar. Ese clima perturbador y fascinante, esa tensión que se contagia a los espectadores, es un recurso que Romina Paula supo generar en su puesta anterior y que aquí lleva hasta sus últimas consecuencias.

“La obra no tiene apagones y eso genera algo muy demandante para el que mira y para los actores, porque casi no hay cortes. La puesta se parece a un ring: los chicos están ahí y tienen que pelear. Pilar, por ejemplo, tiene muy pocos momentos en los que pueda respirar un poco detrás de escena. La obra pide mucho de ella”. Dice Romina Paula.

–Su personaje, Antonia, lleva todavía más al extremo la fobia social de Laura, el personaje de El zoo…

–Sí, Antonia es, como dice su mamá, alguien en carne viva que intenta sostener un discurso insostenible. Para algunos amigos que la vieron resultó insoportable: neurosis femenina al mango, dijeron. Por eso creo que queremos tanto al personaje de Lamothe, al candidato: él es mucho más sensato y ella lo vuelve loco.

–¿Te asustan las expectativas con el estreno de la obra nueva?

–No es que me tengan sin cuidado, pero cada vez soporto más el hecho de ver mis obras. A Si te sigo muero, la primera, la veía desde arriba para no ver al público porque si alguien se movía, pensaba “no le gusta, no le gusta”. La segunda, cobardemente todavía, la veía desde atrás del escenario. A esta ya la veo desde la platea. Puedo palpar si pasa algo: hay funciones en las que sí y funciones en las que no. Pero ya no me deprimo; trato de pensar el trabajo como algo más concreto, que está ahí, puesto en el mundo. Y que hay cosas que no siempre dependen de mí.

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AGOSTO. SU SEGUNDA NOVELA PUBLICADA POR ENTROPIA.

Romina traduce las preguntas. Se ríe. Choca las palabras. Gesticula. Se sitúa lejos de la pose. “Yo estoy entendiendo la novela desde que tengo que hablar de ellas. Y voy robando lo que me van diciendo”.

¿Te interesan las pequeñas historias?

Es como puedo articular. Sería infantil decir que es lo que me sale, pero un poco es eso. Son historias realistas que no tienen nada demasiado fantástico. Las dos novelas tienen más que ver con el cómo contar que con lo se cuenta. ¿Vos me querés a mí? son como instantáneas de la vida de una chica dialogando con distintas personas. El enfoque está en el diálogo: está puesto en el cómo hablan y cómo ella habla en los monólogos. ¿Y de qué va la novela? [Se ríe] De una piba que no sabe si quiere o no estar de novia, de una amiga que no sabe si le gustan los hombres o las mujeres. No tiene demasiada épica. Pero no diría que me gusta más el minimalismo que la épica.

¿Cómo es tu trabajo cuando planteás una novela y cuando una obra de teatro?

¿Si ya sé antes el formato que pide la historia? Con las obras es algo más práctico. No es que digo quiero escribir algo: voy a escribir una obra de teatro. Por ejemplo, la última que escribí la estamos haciendo con el mismo grupo que hice la anterior. La escribí concretamente para esos actores. Sé que tengo que hacer una obra y la hago. Es mucho más concreto. Con la narrativa es más errático. El primer libro llegó a ser libro creo de pura casualidad. El germen de Agosto ya tiene bastante tiempo y sí pensaba que era narrativa. Porque hay cosas que se pueden contar en libros y que no se pueden contar en obras de teatro. O tal vez es un prejuicio que me formateó la cabeza y que todavía no pude superar.

¿Qué encontrás en el amor?

¡Qué no encuentro! [Se ríe]

¿Esta es una novela de amor?

Para mí es una novela de estar lejos: lejos de tu casa, lejos de lo que deseás, lejos de la persona amada porque está muerta o porque es un ex novio que está casado. No saber si querés estar en Buenos Aires o en el sur. En las dos novelas está eso de “no sé lo que quiero y lo que tengo no lo quiero tener”, una neurosis clase media. En parte es una novela de amor, pero diría que es más del agujero en el corazón aplicado al amor o a la familia o al lugar en el que naciste. Del agujero.

El monólogo interior de Emilia, la protagonista, es muy diferente a sus diálogos. En los monólogos es descarnada. Cuando habla parece como impostando una jerga. ¿No se permite mostrar lo que siente?

Eso estaba más claro en ¿Vos me querés a mí? que los capítulos estaban separados en diálogos y monólogos. Los monólogos tenían una calidad un poquito más literaria y los diálogos eran más orales. Tiene que ver con la relación escritura habla: de hecho, Emilia escribe en toda la novela. Tal vez esto que decís de lo escindido entre habla y escritura, cuando ella escribe su mundo interior refiere toda esa violencia de los asesinatos en Estados Unidos, saca su parte más gore. Después lo que vive en el presente de la novela, va a comer un asado, habla con los padres de Andrea, va a ver al ex novio: todo es más light.

Lo que Emilia revive con Julián, su ex, no sé si lo planteaste así o como soy hombre me genera empatía, pero pensaba que muchas de las cosas por las que ella atraviesa es probable que a él también le sucedan.

Es verdad. Mi comprensión del género masculino no tiene tantos años. Estoy empezando a entender algo desde hace poco tiempo. La verdad es que nunca pensé mucho en qué le pasaba a él. Sí sé que el parece estar más entregado a la situación. El salía con una chica que quedó embarazada… Hay una cosa medio coyuntural del “dale que va”. No hay una definición de cómo quiere estar. Pero sí hay una aceptación un poco más zen. En el sentido de que acá estoy y estoy contento. Mi hijo es lindo, “dale que va”.

La novela se arma con el relato que Emilia le cuenta a Andrea, su amiga muerta. Andrea, el tercer lado del triángulo, ¿cómo funciona en la novela?

De Andrea no se sabe casi nada, excepto que tiene padres, una hermana y que se murió. Es una interlocutora medio falsa, porque no puede responder. Claramente la mejor amiga de la infancia y de toda la vida de Emilia. No está claro de qué se murió, qué le pasó. Es gracioso que Emilia no habla de la muerte de la amiga. Como si lo tomara naturalmente, como si le estuviera escribiendo a la amiga que está en Miami y en realidad está muerta. En un momento quería dejar en claro que lo de la amiga era un suicidio, pero después me dije que era abrir una zona que era otra cosa. La amiga podía no estar muerta y estar en otro país, pero no hubiera sido lo mismo. Sobre todo para la amiga. [Risas] Me parece que era un falso interlocutor. Vuelvo a lo del agujero: qué más agujero que escribirle a una muerta.

Hablás de suicidio. Pero yo pensaba, por ejemplo, en que se había muerto de leucemia.

Eso también puede ser, no lo había pensado. Una chica joven con una enfermedad rápida. Lo del suicidio lo había pensado por un pueblo en el sur famoso por los suicidios.

Sí, claro: Las Heras. Leila Guerriero escribió una crónica.

Exactamente. Pero iba a tomar una dimensión de suicidio joven que claramente no era de lo que hablaba la novela.

¿Cómo te manejás con el uso de la simbología?

La pienso tal vez como una especie de abanico que señala hacia lugares distintos. Soy consciente de las reapariciones de cosas. Que en los sueños aparezcan ratones todo el tiempo y que a la vez ella no está en su casa porque hay un ratón y que al ratón lo asesinan de una forma terrible. O el gato de Andrea: la cosa ridícula de la mascota sobreviviendo a la persona. Es muy decadente.

¿Por qué lo situaste en Esquel?

Estuve en Esquel muy poquito y me dio una situación particular. Muy desangelada. El sur es muy turístico y de golpe llegás a Esquel. Se armó porque hay una base militar. Es árido, es muy desolador. Pero situarlo ahí es atrevido de mi parte porque no es que nací en Esquel. Ni siquiera estuve un mes. Incluso cuando estaba escribiendo la novela me parecía poco serio escribir sobre el recorrido Esquel a Puerto Madryn –lo había hecho de noche– y volví a hacerlo. La realidad no me aportó nada a lo que yo había escrito. Era más verde de lo que pensaba. Saqué fotos de un árbol que podía usar. La realidad no me sirvió para nada. [Risas] Podría haber sido otra ciudad, pero a la vez no cualquier ciudad. No sé si hay muchas ciudades tan desoladoras como Esquel. ¿Es melancólica la novela?

Fuentes: http://www.crititcadigtal.com y

http://blog.eternacadencia.com.ar/

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Responses

  1. Vivo en Girona(España)y acabo de ver la obra El tiempo todo entero……IMPRESIONANTE!!!!Hacía tiempo que no disfurtaba tanto,me conmovía y salía tan contenta de ver una obra….GRACIAS!!! a vos y todo el grupo de actores que estan geniales!!!


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