Posteado por: saquenunapluma | 12/05/2010

Habla el padre del teatro independiente. Entrevista al dramaturgo Carlos Gorostiza

Porta unos espléndidos 90 años y se siente tan joven que dice, por lo bajo y riéndose con ganas: “Odio a los jóvenes”. Y no por envidia, eso queda muy claro, sino porque le preocupa sobremanera el destino de las nuevas generaciones. Le gustaría, tal vez, que todo lo que ha generado desde su propia juventud, y que ha sido mucho, hoy se conserve como una construcción más férrea. Pero, para Carlos Gorostiza, dramaturgo, director, novelista, ex secretario de Cultura del gobierno de Raúl Alfonsín, el mundo está pasando por un momento muy complejo y, para explicar ese marco de situación utiliza palabras como “peligro”, “confusión”, “revoluciones traicionadas”. Solo parece creer que “el instinto de conservación del hombre” podrá lograr que las sociedades reencuentren el camino necesario para evitar males mayores.

Lúcido intelectual, le gusta estar informado acerca de lo que sucede cotidianamente. Y también le interesa confrontar este presente leyendo libros de historia general que tenía pendientes y alguna que otra joyita que mezcla la filosofía y la psicología, donde encuentra alguna que otra anécdota que moviliza su pensamiento.

Y así comenzó a escribir Camino a Capistrano , en la que ciertas costumbres de las aves -en este caso las golondrinas- lo llevan a reflexionar sobre la inspiración, el arte, las convicciones ideológicas, los afectos ó cómo convivir con una pareja que ya no es tal y reclama cierta responsabilidad sobre los hijos y otra que obliga a poner los pies en la tierra. Un artista plástico ansía pintar el vuelo de las golondrinas. Un artista quiere crear poesía en un mundo conflictivo, no sólo interior sino exterior.

El espectáculo se estrena hoy, en el Multiteatro. Sus protagonistas son Daniel Fanego, Emilia Mazer y María Ibarreta y la dirección es responsabilidad de Agustín Alezzo.

“Uno siempre trabaja a partir de imágenes -cuenta Carlos Gorostiza- . Siempre me impresionó esa migración de las golondrinas. Cuando comienza el frió en Capistrano, California, ellas salen de ahí y vienen al sur y se instalan, fundamentalmente en Goya (Corrientes) y en Caleta Olivia. También algunas recalan en Buenos Aires. Esta imagen me llevó a lograr una síntesis en tres personajes. Uno de ellos, un pintor, que necesita tomar contacto con su destino, que necesita volar”.

-En un mundo tan conflictivo como el actual parece natural que un artista no encuentre su destino. Usted opta por leer historia.

-Leyendo historia he confirmado una sospecha que tenía hace tiempo: qué poco sabemos los hombres y qué poco acertamos. Cuantos errores hemos cometido. Por ejemplo, en la guerra del 39. Se equivocó Hitler, Stalin, Churchil. Se equivocaron todos. Se equivocaron fiero y el resto de la sociedad pagó el pato. Y nuestros gobernantes se siguen equivocando. El hombre es casi un error.

-Es poco habitual que no dirija sus propios textos. ¿Qué está pasando?

-Hubo un momento en el que decidí abandonar el atletismo teatral. La última obra que dirigí la sentí en las piernas y ahí me dije: “Ya está”. Cuando terminé mis últimos dos textos El aire del río[que se estrenará en el Teatro San Martín] y Vuelo a Capistrano pensé en quién podría dirigirlas. La primera se la pasé a Manuel Iedvabni y esta se la ofrecí a Agustín Alezzo. Los dos tienen un contacto con el teatro independiente. Es un clima, una manera de ser, de actuar, que está de acuerdo conmigo.

-Hace pocas semanas se le reconoció su labor dentro del teatro independiente argentino. ¿Qué opina de esa manifestación escénica en estos tiempos?

-Tengo una teoría muy discutible. Digo que cuando hay problemas de estética, para salvarnos, aparece la ética. Creo que es lo que está pasando en nuestro país y no solo en el teatro, en la música, en la cultura en general. Pasó con el teatro independiente, después con Teatro Abierto. Esta muchedumbre de obras que hay hoy, en lugares inapropiados, a veces, no es teatro independiente. Hay jóvenes que necesitan hacer teatro y lo hacen y está muy bien. Nosotros nacimos a la vida, a la cultura, con el teatro independiente. Barletta, cuando creó el Teatro del Pueblo, usaba una expresión que me resulta muy interesante. El hablaba de “salvar el envilecido arte teatral”. Así vimos autores impensados y crecimos notablemente. Además, aquel teatro independiente, tenía una base ideológica. Barletta tenía su base en el comunismo, el grupo Juan B. Justo era socialista, La Máscara venía del teatro proletario. Después apareció el Instituto de Arte Moderno, al que consideramos una expresión del teatro burgués. Hoy esa base ideológica no existe.

-¿Y en esta continuidad, cómo ve a los jóvenes?

-Yo los veo? [el creador se detiene a pensar la exacta palabra que quiere utilizar en la definición] A ver? uno tiene hijos, nietos; lo jóvenes se están acercando a un lugar de peligro y uno quiere detenerlos. ¡Arreglemos esto para que ellos no caigan en el peligro! No los veo conscientes de lo que está pasando. Este mundo en el que estamos viviendo es muy peligroso ¿A dónde puede llegar esto? Yo solo creo en una cosa: en el instinto de conservación del hombre. Eso lo salvará de la muerte general, pero con mucho sufrimiento. Porque estamos yendo a regiones realmente cenagosas.

El autor se detiene aquí en ciertos modelos políticos latinoamericanos. “Hay una condición especial -dice- que tiene nuestro país y que no tienen otros: el peronismo. De pronto está el chavismo en Venezuela; el castrismo en Cuba. Y son totalmente distintos. En general hay una necesidad de replanteo de cosas en todo el mundo. Cómo se entiende el enfrentamiento entre las dos Corea. Si uno no penetra un poco en la economía del mundo, no entiende como puede ser eso”.

-Cómo puede resultar difícil entender cierta debilidad del gobierno de Obama, Berlusconi en Italia, Sarkozy en Francia, la situación actual de Grecia o, seguramente que el PP tome el poder de España en las próximas elecciones en ese país.

-Circunstancias bastantes circunstanciales (risas) La tormenta que nos espera es muy fuerte. Pienso que se tiene que hacer un cambio en las economías y en las relaciones de los hombres. Hubo una revolución que fue la francesa que fue traicionada por los hechos. Después vino la revolución soviética que fue inspirada por los mejores principios y fue traicionada en la realidad y la práctica. La pregunta que me hago es: “¿todo eso que se soñó, se secó?” No creo que se haya secado. La sociedad necesita cambios profundos. No es aquello, es otra cosa. Las revoluciones no nacen por que sí. Nacen por mandato, son como un fruto. Las cosas que hoy aparecen nos sorprenden. Creo que, en este momento, la sociedad está en un lugar de incomprensión y desconocimiento de los que nos puede pasar. Ahí parecería estar involucionando el instinto de conservación del hombre. En cierto momento, él dirá: hay que cambiar.

Por Carlos Pacheco, Para La Nacion
Funte: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1338800

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